Acontecimiento y subjetividad.

En la actualidad, generar un ámbito de pensamiento, de encuentro es muy importante, puesto que al parecer estamos en presencia de un tiempo singular, de unkairós que nos brinda la posibilidad de realizar una creación a nivel del pensamiento. Viví durante muchos años en la Argentina, ahora he vuelto al Uruguay y hallo que en estas tierras, en esta región del Río de la Plata tenemos una chance muy especial, un desafío: la posibilidad de desarrollar nuevos modos de pensar, de percibir, de hacer. Lo que significa captar los signos que traen mutaciones, desplegarlos en ideas, intentar la constitución de configuraciones conceptuales que alumbren la emergencia de nuevas modalidades existenciales singulares y colectivas.

 

Podríamos decir que las transformaciones son propias de la vida, alcanzar sus mejores frutos consiste en atender a los problemas que nos aquejan, aquellos que nos fuerzan a pensar, a encontrar nuevas pistas, nuevas posibilidades de vida. En estos tiempos, las mutaciones se han intensificado, por lo tanto los desafíos a nivel del pensamiento y la acción son mayores.

 

La propuesta de hoy es realizar un ejercicio de pensamiento en relación con la vida, a partir de ideas y conceptos filosóficos. Para ello, vamos a trazar un mapa conceptual, a pensar los conceptos que lo constituyen, a exponer las ideas que lo recorren; a leer algunos fragmentos de textos filosóficos que contribuirán a la configuración de un recorrido.
Comenzaremos por señalar dos conceptos que hoy nos convocan, son dos conceptos claves que adquieren importancia, en el vínculo entre filosofía y clínica, ellos son los conceptos de acontecimiento y subjetividad. Vamos a trabajar sobre estos dos conceptos, pero teniendo en cuenta que ellos se inscriben, desde nuestra perspectiva en un peculiar plano conceptual en el que nos encontramos con el pensamiento de Spinoza, Foucault y Deleuze. Sabemos que Spinoza vivió en el siglo XVII y Foucault y Deleuze del siglo XX, pero me aventuro a ponerlos en conexión porque se encuentran relaciones muy interesantes entre ellos. Vamos a ver que el pensamiento de Spinoza se trama con el pensamiento de Foucault y Deleuze, y también, como lo señaló Deleuze, con el de Nietzsche.

 

Entonces, los conceptos de acontecimiento y subjetividad van a ser los conceptos rectores de nuestro plano conceptual, y las ideas de Spinoza, Foucault y Deleuze recorrerán dicho plano orientando el pensamiento. El pensamiento de Nietzsche y Heidegger por su parte, será considerado como las condiciones de pensamiento propias de la contemporaneidad filosófica, puesto que sus ideas poseen un carácter emblemático en la actualidad.
Comenzaremos leyendo un texto de Foucault. Deleuze, leyó este texto conmemorando a Foucault, a su amigo, en el momento de su muerte, en el hospital de La Pitié-Salpêtrière.

 

“En cuanto al motivo que me impulsó, fue bien simple. Espero que, a los ojos de algunos, pueda bastar por sí mismo. Se trata de la curiosidad, por lo demás, que vale la pena de practicar con cierta obstinación, no la que busca asimilar lo que conviene conocer, sino la que permite alejarse de uno mismo. ¿Qué valdría el encarnizamiento del saber si sólo hubiera de asegurar la adquisición de conocimiento y no, en cierto modo y hasta donde se puede, el extravío del que conoce? Hay momentos en la vida en los que la cuestión de saber si se puede pensar distinto de como se piensa y percibir distinto de cómo se ve es indispensable para seguir contemplando reflexionando […] ¿Qué es la filosofía hoy –quiero decir la actividad filosófica– si no el trabajo crítico del pensamiento sobre sí mismo? ¿Y si no consiste, en vez de legitimar lo que ya se sabe, en emprender el saber de cómo y hasta dónde es posible pensar distinto? Siempre hay algo de irrisorio en el discurso filosófico cuando, desde el exterior, quiere ordenar a los demás, decirles dónde esta su verdad y cómo encontrarla.” 1

 

En otras palabras, el texto de Foucault, abre el juego y nos permite establecer una distinción. Orienta el pensamiento en el sentido de un proceder filosófico que no busca la verdad, que no está atravesado por una la voluntad de saber. La filosofía toma otra dirección, no se ve obligada a buscar la verdad, a legitimar el saber y asegurar la acción. Muy por contrario, se trata de una modalidad filosófica que pone en relación al pensamiento consigo mismo, que moviliza al quien que piensa al punto de confrontarlo con su anhelo de mutación. La actividad filosófica involucra a quien la realiza, implica un ethos, una actitud, conlleva un trabajo de sí consigo, un ejercicio ético: el pensamiento se enlaza a la vida.

 

En un artículo denominado ¿Qué es la ilustración?, (evocando, a su vez, el texto kantiano del mismo nombre) Foucault insiste:

 

“Y me parece que la elección filosófica a la que nos encontramos enfrentados actualmente es la siguiente: bien optar por una filosofía crítica que aparecerá como una filosofía analítica de la verdad en general, bien optar por un pensamiento crítico que adoptará la forma de una ontología de nosotros mismos, una ontología de la actualidad; esa forma de filosofía que, desde Hegel a la Escuela de Frankfurt pasando por Nietzsche y Max Weber, ha fundado una forma de reflexión en la que intento trabajar.” 2

 

Se plantean aquí dos modalidades filosóficas, una que formula la pregunta por quienes somos, una ontología del presente, y otra que sigue la andadura del saber científico, de la racionalidad cognitiva, entre las dos no hay antagonismo, sino una distinción que aclara el rumbo que toma el pensar.

 

La distinción foucaultiana nos estimula a avanzar. De la mano de Nietzsche y también de Heidegger podemos marcar un recorrido, una ontología histórica que signó la tradición del pensamiento. Nietzsche lee el pensamiento occidental desde Platón hasta sus días como La historia de un error, que muestra cómo el mundo verdadero se ha vuelto fábula. Señala así, el desarrollo en Occidente, de un pensamiento hegemónico, gracias al cual y en conexión a distintos saberes, se constituyó una verdadera grilla de inteligibilidad que hasta nuestros días rige y sostiene la racionalidad occidental. Ahora bien, junto a ella, otros modos de pensar, otras lógicas circularon de manera silenciosa, algunas fueran condenadas, otras simplemente dejadas de lado. Lo cierto es que el presente nos vuelve a traer sus voces, nos presenta el desafío de transitar las diferencias y afirmar las relaciones.

 

En suma, los conceptos de acontecimiento y subjetividad implican, en primer lugar, la pregunta por ¿cómo y hasta donde es posible pensar distinto?, tal pregunta distingue un ejercicio de pensamiento en el campo de la filosofía que conlleva una modificación de aquel que lo realiza. Luego, la pregunta filosófica se orienta en el sentido de una ontología del presente, una crítica de nosotros mismos.

 

II. La ontología del presente

 

Es posible, concebir la ontología del presente como una configuración que enlaza tres dimensiones relacionadas entre sí: ontología, ética, política y una cuarta dimensión que es la que se constituye en el encuentro de las otras tres, en la que se plantea la cuestión del quién/quiénes somos, de las singularidades y la pregunta por los procesos de subjetivación. Tal configuración es en si misma una dimensión, multidimensional, a partir de la cual se sitúa y despliega nuestro trabajo. En ella, tanto la ontología, como la ética y la política adquieren características peculiares que consideraremos a continuación.
La configuración conceptual de la ontología del presente se puede diagramar de la siguiente manera:

 

El concepto de ontología hace referencia a la cuestión del ser, a un modo determinado de concebir el ser en relación con la verdad. El pensamiento contemporáneo trae consigo un ejercicio de pensamiento ontológico que brinda la posibilidad de disolver las formas instauradas y da lugar a la emergencia de distintos modos de ver y oír, que pugnan por encontrar niveles de expresión y expansión propicios. Por su parte, la grilla de inteligibilidad vigente en la actualidad, en consonancia con los formas de saber y los dispositivos de poder, establece un modo único de concebir la realidad. Los hombres y mujeres, las plantas y los ríos son determinados a ser de una sola manera que se acepta como válida y legítima. Sufrimos la peor de las esclavitudes, somos esclavos de un modo único y uniforme de considerar la realidad y a nosotros mismos.

 

El pensamiento ontológico brinda la posibilidad de formular ciertas preguntas, de plantearnos problemas que guardan en sí mismos la más genuina libertad: la que atañe al modo de ser del mundo y de los seres que la pueblan.

 

En el contexto de la ontología del presente, el pensamiento ontológico adopta un sesgo crítico y creativo. Crítico de lo instaurado, de la creencia en el actual estado de cosas como el único posible. Creativo, en tanto anuncia un desplazamiento que trae consigo una modalidad ontológica distinta: la ontología del devenir, que afirma la correlatividad entre el ser y el devenir; entre el uno y el múltiple.

 

La ética en el contexto de la ontología del presente se distingue de la moral y de todo intento de reinstaurar un modelo que diga a las personas las pautas que deben regir su comportamiento. La creencia en los valores supremos, absolutos y en sí, se ha disuelto; se presentan las condiciones propicias para el desarrollo de modos de existencia ético-estéticos, que traen consigo el despliegue de las potencias creativas de los hombres y las mujeres.

 

La cuestión de los valores es ineludible. El pensamiento ético, crítico y creativo, no pretende determinar cuáles son los valores y su fundamento, sino realizar un pensamiento que atienda al valor de los valores, que investigue su procedencia y su emergencia. Un pensamiento ético que plantee el problema de su creación: ¿en qué condiciones surgen?, ¿cómo se sostienen?, ¿cuáles son los modos de existencia que los hacen posibles? La ética cobra un nuevo vigor, adquieren importancia los modos de existencia. La relación de sí consigo que cada uno realiza en relación a los valores que elige y en su elección recrea.

 

En el ámbito de la ontología del presente, la política abandona los caminos habituales. No se limita, exclusivamente, a los análisis de situación, a las observaciones de los hechos, a las demandas de los distintos grupos sociales. Tampoco se subordina a los problemas del Estado y de la política entendida como sistema. La política problematiza ese modo peculiar de relación humana que son las relaciones de poder, atiende a los modos de conducción de las acciones, a las formas de organización y sujeción.

 

El pensamiento político activo deja de ser el arte de lo posible, ya que lo posible supone lo instaurado como referencia, para ser un pensar-acción como realización de lo nuevo que estimula los encuentros enriquecedores y la creación de espacios-tiempo donde los seres singulares desplieguen su potencia. La política se abre a los acontecimientos, a lo que sucede en lo que sucede, a la vida de los seres, con el anhelo de promover las condiciones de aumento de la potencia singular y colectiva

 

Desde la perspectiva de la ontología del presente, el vínculo entre ontología, ética y política supone la pregunta por el quién, quienes somos. Tal pregunta adquiere relevancia crítica en tanto fuerza el abandono de la pregunta ¿qué es el hombre?, propia del humanismo universalizante. La problematización del quién que somos no tiene el propósito de determinar la esencia que define al hombre, aquel concepto general que subsume sobre sí la multiplicidad y la diferencia; por el contrario, la cuestión del quién que somos intensifica la irreductible diferencia de las singularidades intensivas, de los hombres y las mujeres, en su permanente relación dinámica y deviniente.

 

III – El anuncio de un desplazamiento de pensamiento crítico y creativo.

 

La ontología del presente conlleva un desplazamiento crítico y creativo. Deleuze enLa imagen tiempo. Estudio sobre cine II y dice:

 

“Creer en el mundo es lo que más falta nos hace…”
“El hecho moderno es que ya no creemos en este mundo. Ni siquiera creemos en los acontecimientos que nos suceden, el amor, la muerte, como si sólo nos concernieran a medias. (…) Lo que se ha roto es el vínculo del hombre con el mundo. A partir de aquí este vínculo se hará objeto de creencia: él es lo imposible que sólo puede volverse a dar en una fe. La creencia ya no se dirige a un mundo distinto, o transformado. El hombre está en el mundo como una situación óptica y sonora pura. La reacción de la que el hombre está desposeído no puede ser reemplazada más que por la creencia. Sólo la creencia en el mundo puede enlazar al hombre con lo que ve y oye”. 3

 

El texto dice una experiencia actual, el hecho moderno muestra la radicalidad de la ruptura del vínculo del hombre con el mundo. El desplazamiento crítico y creativo se impone. El pensamiento de Spinoza señala el rumbo, muestra un modo de pensar que sostiene la relación entre el hombre y el mundo, entre el hombre y la naturaleza.

 

Spinoza, plantea y ese es su pensamiento radical, que los seres son expresión de dios, de la naturaleza -él va a decir dios o naturaleza. No se trata de un nuevo/antiguo dogmatismo, sino simplemente de un pensamiento en el cual dios, naturaleza, ser significan una sustancia única, un ser unívoco, en el cual las plantas, los animales, los árboles, son expresiones del ser. Lo múltiple expresa el ser, los modos intrínsecos singulares son expresión del ser. Deleuze en Diferencia y Repetición nos plantea el concepto univocidad del ser:

 

“Una sola y misma voz para todo lo múltiple de las mil vías, un solo y mismo océano para todas las gotas, un solo clamor del Ser para todos los entes. A condición de haber alcanzado, para cada gota y en cada vía, el estado de exceso, es decir, la diferencia que los desplaza y los disfraza, y los hace retornar, girando sobre su extremo móvil” 4

 

El desplazamiento ontológico nos conduce a la univocidad del ser, pero este concepto ya ha sido anticipado, según Deleuze, por Duns Scoto, Spinoza y Nietzsche. La univocidad dice, a su vez, la causa inmanente, aquella que produce y al producir se produce. En este contexto la inmanencia no es lo que se opone a la trascendencia. La inmanencia es pensada como relacionalidad productiva, pura potencia genésica y configurante: multiplicidad.
Deleuze siguiendo las pistas nietzscheanas nos dice:

 

“Si el ideal de verdad se derrumba, las relaciones de la apariencia ya no bastarán para mantener la posibilidad del juicio. Según términos de Nietzsche, “al mismo tiempo que el mundo verdadero, hemos abolido también el mundo de las apariencias…”

 

¿Qué queda? Quedan los cuerpos, que son fuerzas, nada más que fuerzas. Pero la fuerza ya no se vincula con un centro, y tampoco enfrenta un medio o unos obstáculos. Sólo enfrenta a otras fuerzas, se relaciona con otras fuerzas, a las que ella afecta o que la afectan.( …) ese poder de afectar y de ser afectado, esa relación de una fuerza con otras. Este poder se llena siempre, esa relación se efectúa necesariamente, aunque sea de una manera variable según las fuerzas en presencia. (…)” 5

 

Quedan los cuerpos, puro poder de afectar y de ser afectado: relacionalidad: multiplicidad.

 

Veamos los pasos seguidos en el movimiento de desplazamiento:

 

abandonamos la preeminencia de una modalidad ontológica de corte jerárquico, basada en el dualismo ser/ente.
afirmamos la univocidad del ser, la relacionalidad, lo múltiple.
avanzamos hacia el pensamiento de la inmanencia.

 

IV- Acontecimiento y subjetividad.

 

El pensamiento de los conceptos de acontecimiento y subjetividad, en el juego de su mutua apropiación requiere una ontología inmanente, una ontología del devenir, de lo múltiple, de las singularidades relacionales en movilidad permanente.

 

Al focalizar el concepto de acontecimiento, nos damos cuenta de que se trata de un concepto complejo. Deleuze, al igual que lo hizo en relación al concepto de univocidad, nos plantea una genealogía, esta vez son los estoicos, Leibniz y Withehead los que aportaron a la creación del concepto de acontecimiento.

 

El concepto de acontecimiento dinamiza las mutaciones, afianza el desplazamiento crítico y creativo. Respecto de su trabajo en Deleuze nos dice:

 

”Todo cuanto he escrito, al menos así lo espero, ha sido vitalista y constituye una teoría de los signos y del acontecimiento.”6

 

También en Conversaciones,

 

“Es cierto que he escrito mucho sobre esta noción de acontecimiento. No creo en las cosas.” 7

 

“En todos mis libros he investigado la naturaleza del acontecimiento, es el único concepto filosófico capaz de desplazar el verbo ser y el atributo.”8

 

El concepto de acontecimiento, por un lado, impulsa el abandono de una ontología y una lógica que sostiene la regencia del ser/ente, de la atribución y de las categorías que son la condición de posibilidad para la creencia en las cosas. Por otro lado, afirma una ontología univocista inmanente: una ontología del devenir y una lógica de las relaciones y las multiplicidades.

 

A continuación enfocaremos el concepto de acontecimiento según:

 

a- la perspectiva del tiempo que implica una ontología temporal,
b- la perspectiva de una lógica del sentido,
c- la perspectiva de un modo de singularización de los seres que trae consigo efectos a nivel de los procesos de subjetivación, de la ética y la política.

 

•  a- El concepto de acontecimiento desde la perspectiva del tiempo implica una ontología temporal: una ontología del devenir.
El pensamiento del tiempo desde la perspectiva de una ontología temporal, donde el tiempo se enlaza al ser unívoco, donde comenzamos a vislumbrar un modo del tiempo multidimensional, supone la apertura a un pensamiento, a una experiencia del tiempo diferente a la habitual.

 

Pensar el tiempo resulta difícil, no estamos acostumbrados a ver, a oír sus signos. El tiempo ha sido sometido al curso de la historia, a la regencia de los relojes; se lo ha sojuzgado al transcurrir y a la sucesión, a un tipo específico de movimiento: el tiempo se sigue experimentando como lineal y cronológico.

 

La ontología metafísica que tuvo sus comienzos en la Grecia del siglo IV a.C. instauró el dualismo entre el ser/ente, la primacía del Bien, del Uno y del Ser y relegó el devenir al ámbito de lo empírico y fenoménico. El tiempo quedó subordinado al movimiento, que puede ser variado, rítmico o intensivo, pero debe ser normal. El movimiento en tanto normal y uniforme subordina al tiempo por ende, en nuestro modo habitual de pensar el tiempo, sólo logramos una representación indirecta del mismo. En la vida cotidiana consideramos al tiempo como número o medida del movimiento según el antes y el después, aún seguimos bajo la influencia de Aristóteles.

 

El tiempo entendido según el antes y el después, se encuentra pautado dentro de una linealidad móvil, a partir de la cual el devenir, los procesos, siempre están referidos a un estado inicial y a un estado final. No se presta atención al tiempo del proceso en tanto mutabilidad inmanente; lo importante sigue siendo la meta, el fin y el origen, y eso implica un tipo de movimiento. Lo que Deleuze aporta en la Imagen-tiempo, Estudio sobre cine II, y sin duda, es un aporte valiosísimo, es la posibilidad de pensar una presentación directa del tiempo, un tiempo no subordinado al movimiento normal y uniforme. El tiempo como universal variación, como materia/ser/devenir en constante configurabilidad, composición y descomposición.

 

•  b- El concepto acontecimiento desde una perspectiva lógica
El pensamiento del acontecimiento señala un desplazamiento de la preeminencia de la lógica aristotélica. El juicio de atribución pertenece a la tradición aristotélica: sujeto + verbo ser + cualidad. El aporte de los estoicos consiste en sostener que el mundo está constituido por acontecimientos y plantear una modalidad lógica diferente, una lógica del sentido. El predicado de una proposición no es la cualidad atribuible a un sujeto, sino el acontecimiento pronunciado en la proposición: el predicado equivale a las relaciones, al acontecimiento.

 

Según Deleuze Leibiniz sigue la pista de los estoicos, pero elabora una lógica diferente, él va decir que los acontecimientos están incluidos en la noción individual. Según él lo que Leibniz llama un predicado jamás es un atributo, sino un acontecimiento “cruzar el Rubicón”, de esta manera se modifica radicalmente la noción tanto de predicado como la de sujeto.

 

•  c- El concepto de acontecimiento desde la perspectiva de la singularización.
El principio de individuación pierde relevancia, puesto que en su tradicional proceder parte de la consideración de los individuos totalmente constituidos como compuestos de materia y forma acorde con el régimen de lo empírico en consonancia con la lógica categorial.

 

La lógica del acontecimiento trae consigo la apertura a un modo individuación por singularización que produce el alejamiento del principio de individuación que sostiene la primacía de la identidad garantizando la mismidad y controlando las mutaciones.

 

Las singularidades son concebidas como diferencias intensivas. La singularización es intensiva, acontecimiental, móvil y comunicante. La movilidad propia de las diferencias diferenciantes, produce la singularización en el juego de las diferencias y las repeticiones

 

Acontecimiento
El tiempo, devenir poblado de acontecimientos, composiciones temporales, se expresa en múltiples dimensiones. Los acontecimientos se efectúan en la historia, son singularidades intensivas que se encarnan en ella, pero siempre hay algo en el acontecimiento que se escapa a su efectuación, que se sustrae a toda encarnación, que no puede ser atrapado por la historia en su lineal sucesión de presentes. Los acontecimientos se efectúan en la historia, pero reservan para sí ese cúmulo intensivo que sólo se dan en su actualización; son presencias directas del tiempo, composiciones temporales, virtualidades en permanente actualización que el tiempo mismo nos fuerza a captar.

 

Los acontecimientos expresan la mutua pertenencia de la existencia y el tiempo. Captar los acontecimientos requiere una disponibilidad peculiar, significa hundirse en ellos, experimentar la propia existencia como relacionalidad: relación de si consigo, con los demás y con el mundo. Los acontecimientos motorizan su propia actualización y efectuación, requieren para ello de planos de inmanencia y de composiciones corporales. En tanto pliegues temporales, expresan la movilidad propia del tiempo, traen consigo potencias mutacionales y singularizantes.

 

“Puede que nada cambie o parezca cambiar en la historia, pero todo cambia en el acontecimiento, y nosotros cambiamos en el acontecimiento”. 9

 

Acontecimiento y subjetividad: su mutua apropiación.
Bajo el impulso de ciertas tendencias del pensamiento contemporáneo, la cuestión de la subjetividad no remite a una esencia formal del hombre, a una naturaleza humana eterna que permanece igual a sí misma en el transcurso de la historia entendida como universal. Tampoco a la forma sujeto como algo dado, que supone la fidelidad a su propia identidad.

 

La mutua pertenencia del acontecimiento y la subjetividad insiste en el abandono del concepto de sujeto como forma regente para pensar lo humano. La forma sujeto sea para su aceptación o su destitución, deja de tener privilegio. El sujeto es una instancia dotada de saberes, poderes y deberes, dice Deleuze e insiste, siguiendo a Foucault en la idea de los procesos de subjetivación.

 

“Un proceso de subjetivación, es decir, la producción de un modo de existencia, no puede confundirse con un sujeto, a menos que se le despoje de toda identidad y de toda interioridad. La subjetivación no tiene ni siquiera que ver con la persona: se trata de una individuación, particular o colectiva, que caracteriza un acontecimiento (una hora del día, una corriente, un viento, una vida…) Se trata de un modo intensivo y no de un sujeto personal.” 10

 

La cuestión de la subjetividad se vincula al tiempo, al devenir, a los acontecimientos, a su actualización y efectuación. La subjetividad se vuelve un proceso múltiple de auto-configuración constante, se constituye en una trama relacional y deviniente. Las singularidades intensivas son esencialmente procesuales y productivas, crean planos existenciales que adquieren características subjetivas en el juego de relaciones múltiples. La producción inmanente de las singularidades muestra el juego de relaciones, el poder de afectar y ser afectado, las variaciones y las mutaciones constantes propias del tiempo. Las singularidades intensivas al configurarse subjetivamente gracias a los juegos relacionales del acontecer realizan procesos subjetivación capaces de desplegar la potencia creadora como ejercicio de libertad.

 

En un texto inquietante, Deleuze nos dice:

 

“(…) la sola subjetividad es el tiempo, el tiempo no cronológico captado en su fundación, e interiores al tiempo somos nosotros, no al revés. Que estemos dentro del tiempo parecería ser un lugar común, y sin embargo es la máxima paradoja. El tiempo no es lo interior en nosotros, es justo lo contrario, la interioridad en la cual somos, nos movemos, vivimos y cambiamos.”11

 

El concepto de subjetividad se temporaliza, adquiere un sentido próximo al de modo de existencia. La subjetividad no remite al sujeto, ni a la persona, ni al yo, sino a modos de existencia, al modo de pensar, de sentir, de actuar, al modo de relación que cada uno realiza consigo mismo, con los demás y con el universo. El concepto de subjetividad en su mutua apropiación con el concepto de acontecimiento se vuelve un problema que concierne al pensamiento, a la ética y la política.

 

“(…) Subjetivación, acontecimiento o cerebro, creo que se trata casi de lo mismo. Lo que más falta nos hace es creer en el mundo, así como suscitar acontecimientos, aunque sean mínimos, que escapen al control, hacer nacer nuevos espacio-tiempos, aunque su superficie o su volumen sean reducidos. (…)Necesitamos al mismo tiempo creación y pueblo” 12

 

Debido a dificultades suscitadas en el proceso de grabación y desgrabación no contamos hoy con las intervenciones de los participantes, ni con la grabación del segundo encuentro. Por tanto, es importante recordar que las intervenciones que se hicieron fueron muy interesantes y que el despliegue de alguna de ellas podría generar valiosas instancias de pensamiento e investigación.

 

En relación a algunas de las intervenciones realizadas, es preciso aclarar que en el campo de la filosofía contemporánea hallamos distintos maneras de pensar el acontecimiento que responden a diferentes concepciones filosóficas. En ese sentido se puede entender las diferencias entre el concepto de acontecimiento en el pensamiento de Deleuze y en el de Badiou. Al respecto es interesante leer El clamor del ser de Badiou en donde se puede comprender las diferencias que su filosofía tiene con la de Deleuze. También hay un texto de Badiou, Tratado breve de ontología transitoria en el cual él vuelve a plantear una distinción entre su pensamiento y el de Deleuze.

 

Annabel Lee Teles

 

Foucault, M., El uso de los placeres, Historia de la sexualidad II, Siglo XXI, México, 1988, p. 12.
Foucault, M., Saber y verdad, La Piqueta, Madrid, 1985, p. 207.
Deleuze, G., La imagen-tiempo, Ed. Paidós, Barcelona, 1987, p. 229 a 231.
Deleuze, G., Diferencia y repetición, Amorrortu, Buenos Aires, 2002, p 446.
Deleuze, G., La imagen-tiempo, Ed. Paidós, Barcelona, p. 188.
Deleuze, G., Conversaciones, Ed. Pre-Textos, Valencia, 1995, p. 228.
Deleuze, G., Op. Cit., Ed. Pre-Textos, Valencia, 1995.
Deleuze, G., Op. Cit., Ed. Pre-Textos, Valencia, 1995, p. 225.
Deleuze, G. y Guattari, F., ¿Qué es la filosofía?, Ed. Anagrama, Barcelona, 1993, p. 113.
Deleuze, G., Op. Cit., Ed. Pre-Textos, Valencia, 1995, p. 160.
Deleuze, G., La imagen-tiempo, Ed. Paidós, Barcelona, 1987, p. 115.
Deleuze, G., Op. Cit., Ed. Pre-Textos, Valencia, 1995, p. 276.

Annabel Lee Teles

 

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