¿Cambia la lengua nuestra manera de ver y recordar el mundo?

La investigadora Aneta Pavlenko está convencida de que sí. Según ella, el nombre que ponemos a las cosas o los matices de acción de los verbos pueden influir en cómo nuestro cerebro ve el mundo, hasta el punto de que una persona bilingüe puede cambiar su perspectiva en función de qué lengua utilice. En la web de NPR, Pavlenko recuerda lo que le sucedió al famoso escritor Vladimir Nabokov, con sus memorias. El autor de “Lolita”, que hablaba perfectamente ruso, francés e inglés, publicó el libro primero en inglés y cuando le pidieron la edición en ruso, descubrió que recordaba otras cosas:

“Cuando Nabokov empezó a traducirlas al ruso, recordó un montón de cosas que no tenía en la memoria cuando estaba escribiendo en inglés, así que en esencia se convirtió en un libro diferente”, dice Pavlenko. “Se publicó en ruso y se dio cuenta de que, para presentar su infancia de manera adecuada a los lectores en lengua inglesa, debía hacer una nueva versión. Así que la versión de la autobiografía de Nabokov que conocemos ahora es en realidad la tercera versión, la que escribió tras recordar más cosas en ruso y volverlas a traducirlas al inglés”.

Pavlenko es profesora de lingüística aplicada de la Universidad de Temple y estudia la manera en que el cerebro de las personas bilingües se conecta con la realidad en función del idioma empleado. En inglés, por ejemplo, se distingue entre “cups” (copas) y “glasses” (vasos) en función del material, mientras que en ruso se habla de “chashka” (copa) y “stakan” (vaso) en función de la forma, no de lo que está hecho el recipiente. Si nombras el mundo de forma diferente, insiste Pavlenko, tu visión de él es diferente.

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Lera Boroditsky es profesora de ciencias cognitivas en la Universidad de California, San Diego, y ha realizado distintos experimentos en torno al mismo supuesto. En uno de ellos pidió a varios sujetos que señalaran el sudeste y solo una niña de 5 años acertó exactamente el lugar. La niña era aborigen australiana, y en su idioma la orientación espacial no está basada en términos como izquierda o derecha, sino en los puntos cardinales. Esto les convierte en una especie de brújulas andantes, pues se expresan en términos del tipo: “Esa chica que está a tu oeste es mi hermana” (no “a tu lado”).

Como explican en NPR, otros investigadores, como el lingüista de la Universidad de Columbia John McWhorter, tienen un punto de vista diametralmente opuesto. “Nada ha demostrado nunca que tu idioma te haga procesar la vida de una manera diferente”, asegura. “Eso no funciona”. Para él, aprender un idioma es como es un programa de entrenamiento, pero no cambia las categorías mentales del sujeto. “No hay nada exótico respecto a los efectos que tiene el lenguaje en la cognición”, asegura. “Tiene el mismo efecto que aprender cualquier cosa”.

 Neurolab –

 

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