Tecnología: el opio de los intelectuales

 

Si la religión antes era el opio de las masas, entonces seguramente hoy la tecnología es el opio del público universitario, o al menos de sus autores favoritos. Ningún otro tema es tan universalmente investido con grandes esperanzas para el mejoramiento de la humanidad en general, y de los estadounidenses en particular. El contenido de estas esperanzas milenarias varía algo de un autor a otro, aunque con un considerable solapamiento. Una lista representativa pero de ninguna manera completa de estas promesas y sus profetas incluiría: el fin de la pobreza y la inauguración de la prosperidad permanente (Leon Keyserling), la igualdad universal de oportunidades (Zbigniew Brzezinski), un aumento radical en la libertad individual (Edward Shils ), la sustitución del trabajo por el ocio de la mayor parte de la humanidad (Robert Theobald), agua dulce para los habitantes del desierto (Lyndon Baines Johnson), la revolución social permanente pero inofensiva (Walt Rostow), el merecido final de Mao Tse-tung y todos los de su clase (del mismo profeta), el triunfo de la sabiduría sobre el poder (John Kenneth Galbraith), y, no lo olvidemos, el fin de las ideologías (Daniel Bell).

 

Estas esperanzas para la humanidad de, o tecnología, futuro, sin embargo, no son puros. Los defensores de la tecnología, son hombres razonables en otros aspectos, también son conscientes de que la explosión de la población mundial y la carrera de misiles nucleares son también el fruto de los enormes avances de la tecnología durante el último medio siglo más o menos. Aunque una lectura superficial de su literatura revelaría también el optimismo generalizado de que estos flagelos también caerán ante el poderío de la tecnología. Por lo tanto la población (y la genética) de control y la paz permanente a veces se añaden a la ya imponente lista de las promesas de la tecnología. ¿Qué vamos a hacer con tanto optimismo extravagante?

 

Hace varios meses el Programa de Tecnología y Sociedad de la Universidad de Harvard, “… una investigación en profundidad sobre los efectos de los cambios tecnológicos en la economía, en las políticas públicas, y en el carácter de la sociedad, así como en los efectos recíprocos del progreso social en su dimensión natural, y las direcciones del desarrollo científico y tecnológico “, publicó su Cuarto Informe Anual con el acompañamiento de la cobertura a toda página en la tapa del New York Times (18 de enero). Dentro de las (menos de 100) páginas breves de ese informe y con mayor claridad en el ensayo final del Director del Programa, Emmanuel G. Mesthene, uno puede discernir algunos de los temas importantes de la creencia a la que se le unen muchos escritos actuales sobre las implicaciones sociales de la tecnología.1 El ensayo de Mesthene es un extenso análisis del porqué estas creencias son interesantes en sí mismas y, de mayor importancia, ya que constituyen la base no de una nueva, sino de una ideología de una nueva derecha agresiva en este país, una ideología cuya importancia cada vez mayor es con exactitud la medida de la magnitud de la noticia en Times‘s news.

 

En el comienzo del ensayo de Mesthene, quien intenta caracterizar las relaciones entre el cambio tecnológico y el social, el autor se cuida de desvincularse de lo que él cree que son varios puntos de vista extremos de esas relaciones. Por ejemplo, la tecnología no es ni relativamente la “bendición pura”, que, según él, Marx, Comte, y la Fuerza Aérea quieren que fuera, ni una maldición sin paliativos, una visión que atribuye a “muchos de nuestros jóvenes.” (Esto es el primero de varios reproches que Mesthene proyecta en dirección de la juventud.) Después de haber denunciado a hombres de paja a la derecha ya su izquierda él es libre para perseguir ese término medio o un curso moderado favorecido por casi todos los escritores políticos de la época. Este curso medio está formado por una visión muy abstracta y-políticamente hablando-sanitaria de la tecnología y el progreso tecnológico.

 

Para Mesthene, es característico de la tecnología que:

 

… Crea nuevas posibilidades para la elección humana y su acción, pero deja su disposición incierta. Lo que sus efectos serán y a qué fines servirá no son inherentes a la tecnología, sino que dependen de lo que el hombre va a hacer con ella. Por lo tanto, la tecnología hace posible un futuro de opciones abiertas ….

 

Este punto de vista esencialmente optimista de la cuestión se basa en la noción de que la tecnología no es más que “… la organización de los conocimientos con fines prácticos …” y por lo tanto no puede ser puramente bendición o totalmente carga. La cuestión es algo más compleja:

 

La nueva tecnología crea nuevas oportunidades para los hombres y las sociedades, y también genera nuevos problemas para ellos. Se tienen efectos tanto positivos como negativos, y por lo general se tienen los dos al mismo tiempo y uno en virtud del otro.

 

Este doble efecto se ilustra con un ejemplo extraído del campo de la medicina. Recientes avances allí

 

ha creado dos nuevas oportunidades: (1) han hecho posible el tratamiento y la cura que nunca antes fueron posibles, y (2) indica también una condición necesaria para la prestación de la atención médica adecuada a la población en general como una cuestión de derecho más que de privilegio.

 

Debido a la primera, sin embargo,

 

la profesión médica se ha vuelto cada vez más diferenciada y especializada, y tiende a concentrar sus mejores esfuerzos en unos pocos grandes centros urbanos, de excelencia médica.

 

Mesthene piensa con claridad, pero no indica el corolario de este punto, a saber, que la disponibilidad de la atención médica adecuada está disminuyendo en otras partes.2 Por otra parte, debido al segundo punto, se han producido

 

… grandes aumentos en la demanda de servicios médicos, en parte debido a que una población sana tiene importantes ventajas económicas en una sociedad altamente industrializada. Este aumento de la demanda acelera el proceso de diferenciación y multiplica los niveles de personal paramédico entre el médico en la parte superior y el paciente en la parte inferior de la pirámide del hospital.

 

Del mismo modo, Mesthene señala que las maravillosas mejoras en los autos y el transporte aéreo han agravado los problemas sociales y de otro tipo en el interior de la ciudad.

 

La tecnología de comunicación de masas también ha hecho grandes avances desde la Segunda Guerra Mundial, con gran beneficio para la educación, el periodismo, el comercio y la pura conveniencia. Sin embargo también viene acompañado de un empeoramiento de la agitación social, y puede ayudar a explicar la rebeldía singular de un joven que puede averiguar lo que es el mundo con la televisión antes que la casa y la escuela hayan tenido tiempo para inculcarle un sentido ético de lo que podría o debería ser.

 

Mesthene cree que hay dos problemas distintos en relación de la tecnología con la sociedad, uno positivo de aprovechar al máximo las oportunidades que ofrece y la negativa de evitar consecuencias lamentables que se derivan de la explotación de esas oportunidades. Oportunidades positivas pueden pasarse por alto debido a que los costos de desarrollo tecnológico son mayores que los posibles beneficios (por ejemplo, la “Doomsday Machine” de Herman Kahn). Mesthene parece convencido, sin embargo, que un caso más importante es el que

 

…la tecnología se encuentra en barbecho porque las estructuras sociales existentes son insuficientes para aprovechar las oportunidades que ofrece. Esto se revela claramente en el examen del fracaso institucional en el gueto explotada por [el programa]. Punto después de punto, … los análisis confirman … que las instituciones existentes y los enfoques tradicionales son por lo general incapaces de enfrentarse a los nuevos problemas de nuestra ciudades, muchos de ellos causados por el cambio tecnológico-… e incapaz de darse cuenta de las posibilidades de resolverlos que también son inherentes a la tecnología. Intereses económicos y políticos creados sirven para obstaculizar la prestación adecuada de viviendas de bajo costo. Instituciones comunitarias se marchitan por falta de interés y participación de los residentes. Organismos municipales son incapaces de monitorear las habilidades y tomar el enfoque sistemático necesario para hacerle frente a problemas nuevos e intensificar la educación, la lucha contra la delincuencia, y el bienestar público. Corporaciones empresariales, por último, que se organizan en torno a la expectativa de beneficio privado, no están lo suficientemente motivadas para llevar las nuevas tecnologías y la gestión de conocimientos para influir en los proyectos urbanos, donde los beneficios van a ser en gran parte sociales.

 

Su diagnóstico de estos problemas es extremadamente generoso:

 

Todos estos factores se combinan para diluir lo que puede ser de otra manera un verdadero deseo de aplicar los mejores conocimientos y recursos adecuados para la resolución de las tensiones urbanas y la erradicación de la pobreza en la nación.

 

Además, dado que el gobierno y los medios de comunicación “… aún no están preparados para la enorme tarea de la educación pública que se necesita …” si vamos a explotar la tecnología de manera más completa, muchas oportunidades tecnológicas se pierden debido a la falta de apoyo público. Esto también es un problema principalmente de la “innovación institucional”.

 

Mesthene cree que la innovación institucional no es menos importante en la lucha contra los efectos negativos de la tecnología. Las personas o empresas individuales que deciden desarrollar nuevas tecnologías que normalmente no tienen “debidamente en cuenta” a sus probables beneficios sociales o costos. Su crítica es anti-capitalista en el espíritu, pero carece de mordida, porque él va a añadir que

 

…. [La mayoría de las consecuencias] negativas de la tecnología que están causando preocupación en la actualidad-la contaminación del medio ambiente, los posibles daños a la ecología del planeta, dislocaciones laborales y sociales, las amenazas a la privacidad y la significación política del individuo, social y el malestar psicológico general-son externalidades negativas de este tipo. Están con nosotros, en gran medida porque no han sido explícitamentes importantes para nadie para prever y anticiparse a ellas. [La cursiva es nuestra.]

 

El análisis abstracto de Mesthene y su diagnóstico igualmente abstracto a favor de la “innovación institucional” lo coloca en una curiosa y, para nosotros, posición instructiva. Si las estructuras sociales existentes son insuficientes para explotar todo el potencial de la tecnología, o si, por el contrario, las llamadas “externalidades negativas” nos asaltan es porque es un asunto que nadie previó y anticipó, ¿no dice esto que debemos aplicar la tecnología a este problema también? Es decir, que debemos aplicar y organizar el conocimiento organizativo apropiado para el propósito práctico de la solución de los problemas de insuficiencia institucional y las “externalidades negativas”3 Por lo tanto, en principio, Mesthene está en la posición de argumentar que la cura para los problemas de la tecnología, ya sea positivo o negativo, es aún más tecnología. Este es el primer tema de la escuela tecnológica de los escritores y su último Primer Principio.

 

La tecnología, en su opinión, es un sistema de auto-corrección. La supervisión temporal o las “externalidades negativas” serán y deben ser corregidas por medios tecnológicos. Los intentos de restringir el libre juego de la innovación tecnológica son, por la naturaleza del caso, contraproducentes. La innovación tecnológica presenta una clara tendencia a trabajar por el bien común, en el largo plazo. Laissez innover!

 

Hasta ahora deliberadamente me abstuve de entrar en mayor detalle de lo que hace Mesthene sobre el carácter empírico de la tecnología contemporánea (véase la sección II) ya que es importante para llevar a cabo la fuerza del principio de laissez innover en toda su generalidad. Muchos escritores sobre tecnología parecen negar en su definición del conocimiento de la materia organizada para fines prácticos-que la tecnología contemporánea exhibe tendencias distintas que pueden ser identificadas o proyectadas. Otros, como Mesthene, parecen aceptar estas tendencias, pero luego embotan la conclusión, al atribuirle a la tecnología de una gran flexibilidad y pureza “científica” que se convierte en una abstracción infinitamente maleable en nombre de propósitos buenos, justos, igualitarios y pacíficos. Así, la analogía con el principio del laissez-faire de otro tiempo está bastante justificado. Así como el mercado o el libre juego de la competencia dentro de la teoría de la solución óptima a largo plazo lo es para prácticamente todos los aspectos de prácticamente todos los problemas sociales y económicos, también lo hace el libre juego de la tecnología, de acuerdo con sus escritores. Sólo si se permite la tecnología o la innovación (o algún otro sinónimo) el mayor reinado libre posible, en su opinión, se realizará el bien social máximo.

 

¿Qué razones da para creer que el principio del laissez innover funcionará normalmente en beneficio de la humanidad en lugar de, por ejemplo, sólo en beneficio de los profesionales inmediatos de la tecnología, sus compinches de gestión y de los beneficios procedentes de sus empresas? Como Mesthene y otros escritores de su escuela son conscientes, este es un problema muy real, porque todos creen que la tendencia normal de la tecnología es, y debe ser, la creciente concentración del poder de decisión en manos de más y más grandes burocracias científico-técnicas. En principio, su solución es relativamente simple, aunque no se indique explícitamente a menudo.4

 

Su argumento es el siguiente: los hombres y mujeres que son elevados por la tecnología en posiciones de mando dentro de las diversas burocracias de toma de decisiones no presentan un impulso generalizado por el poder como lo caracteriza, por ejemplo, la aristocracia terrateniente de la Europa pre-industrial o el empresario capitalista del siglo pasado. Por su posición social e institucional y su cultura como bien se definen únicamente por el hecho de que estos hombres son capaces de resolver problemas. (Organizando de nuevo los conocimientos con fines prácticos.) Es decir, obtienen una ventaja y recompensa sólo en la medida en que puedan aportar conocimientos técnicos específicos para influir en la solución de problemas técnicos específicos. Cualquier unidad más general de poder socavaría las bases de su utilidad y legitimidad.

 

Además, su formación específica y el compromiso profesional para resolver problemas técnicos crean un sesgo en contra de las ideologías en general que inhibe cualquier intento de formular una ideología justificadora para el grupo. En consecuencia, no constituyen una clase y no tienen intereses generales antagónicos a los de sus clientes acosados de problemas. Podemos referirnos a todo esto como el carácter desinteresado de quien toma las decisiones técnico-científicas, o, más breve y cínicamente, como el principio del Burócrata altruista.

 

Como si no estuviera satisfecho por la fuerza de este principio (no declarado), Mesthene como muchos de sus compañeros de la escuela pasa muchas páginas de comentarios en torno a la creencia de que la concentración de poder en la parte superior de las organizaciones de la tecnología es un problema, pero que al igual que otros problemas tecnológicos deben ser capaces de resolverse con éxito mediante la innovación institucional. Puedes confiar en él; el principio de laissez innover no conoce obstáculo lógico u otro.

 

Esta combinación de optimismo cándido con una difícil mente científica podría parecer ser más que una ilusión excéntrica donde la tecnología estadounidense no permite moverse en direcciones que son fuertemente anti-democráticas. Para mostrar por qué esto es así, debemos examinar más de cerca la distinción aparentemente inocua de Mesthene entre las oportunidades positivas de la tecnología y sus “externalidades negativas”. Para ello voy a utilizar un ejemplo extraído de la frontera misma de la tecnología americana, la guerra de Vietnam .

 

II

 

Por lo menos dos programas de bombardeo fundamentalmente diferentes se están llevando a cabo ahora en Vietnam del Sur. Hay ataques bastante convencionales contra objetivos que consisten en tropas enemigas identificadas, fortificaciones, centros médicos, buques, etc. El otro programa es bastante diferente y, por lo menos desde marzo de 1968, infinitamente más importante. Con un poco de simplificación excesiva puede ser descrito de la siguiente manera:

 

Datos de inteligencia son recogidos de todo tipo de fuentes, de todos los grados de fiabilidad, sobre todo tipo de temas, y se introducen en un complejo ordenador situado, creo yo, en Bien Hoa. A partir de estos datos y el uso de modelos matemáticos desarrollados para este fin, el equipo entonces le asigna probabilidades a una serie de posibles objetivos, probabilidades que representan la probabilidad de que estos últimos recojan las fuerzas enemigas o suministros. Estos objetivos potenciales podrían incluir: un conocido cruce de canal de río utilizado ocasionalmente por el FLN; un tramo de sendero que tendría que ser utilizado para atacarlos y una base estadounidense, ahora retrasada para el ataque; una milla cuadrada de llanura que se rumorea que contiene tropas enemigas; una montaña desde la que se ve el humo de una fogata en aumento. Una vez más usando los modelos desarrollados para este fin, el equipo divide los niveles pre-programados de bombardeos entre los posibles objetivos que tienen la mayor probabilidad de contener los objetivos reales. Luego de las incursiones, los datos aportados por más reconocimiento se introducen en el ordenador y se sacan conclusiones (habitualmente optimistas) sobre la eficacia de las incursiones. Esta estimación de la eficacia a continuación, se convierte en parte de los datos que rigen las operaciones actuales y futuras, y así sucesivamente.

 

Dos características deben tenerse en cuenta con respecto a este programa, las características superficialmente insinuadas pero fundamentalmente ocultas de la distinción de Mesthene entre las abstracciones de oportunidad positiva y de “externalidad negativa”. Primero, cuando se considera desde el punto de vista de sus planificadores, el programa de bombardeo es extraordinariamente racional , porque crea “oportunidades” que antes no estaban disponibles para perseguir sus objetivos en Vietnam. No tendría ningún sentido bombardear Vietnam del Sur simplemente al azar, y a ninguna persona seria o general del aire le importaría montar el esfuerzo para hacerlo. Así el sistema empleado en Vietnam reduce de manera significativa, aunque no la elimina, la aleatoriedad. Ese cruce del canal fluvial que se bombardeó al menos una vez cada once días más o menos es un objetivo muy pobre en comparación con un batallón de NLF observado en un pueblo. Pero es un objetivo infinitamente más prometedor que el que se selecciona al lanzar un dardo en un mapa de la red de Vietnam del Sur. Además de bombardear al batallón, ¿por qué no bombardear el cruce del canal con la frecuencia y el alcance que podría ser utilizado por las tropas enemigas?

 

Incluso cuando se tiene en cuenta la crudeza de los modelos matemáticos y la forma idiota consecuente en la que se evalúa la información deficiente, es un programa “bueno”. Ninguna incursión sola matará definitivamente a un soldado enemigo, sino que toda una serie de ellos aumentará la “oportunidad” de matar a un número calculable de ellos (y también, por supuesto, un número calculable pero no calculado de no soldados). Este es el sistema de bombardeo más racional a seguir en caso en que lae vida de los estadounidenses sea muy cara y sus armas y vidas vietnamitas muy baratas. Lo cual, por supuesto, es el caso.

 

En segundo lugar, sin embargo, considerado desde el punto de vista de las metas y valores no programados por sus diseñadores, el programa de bombardeo es increíblemente irracional. En términos de Mesthene, estas “externalidades negativas” incluirían, en el presente caso, la vida y el bienestar de varios vietnamitas, así como los sentimientos y opiniones de algunos estadounidenses de menor importancia. Significativamente, en esta exclusión de los intereses de la gente no entre la clase empresarial se basa absolutamente tanto la llamada “técnica” que significa ser empleados como en los objetivos políticos del sistema. En el caso particular del sistema de bombardeo vietnamita, los objetivos políticos del sistema de bombardeo excluyen claramente los intereses de ciertos vietnamita. Después de todo, las víctimas de los bombardeos son comunistas o sus simpatizantes, son nuestros enemigos, se resisten a la intervención de EE.UU.. En resumen, sus intereses son totalmente antagónicos a los objetivos del programa y simplemente se deben excluir de la consideración. Las razones técnicas de esta exclusión requieren de una explicación, que es menos familiar y más importante, especialmente a la luz de la creencia de Mesthene en la maleabilidad de los sistemas tecnológicos.

 

Sistemas tecnológicos avanzados, tales como los empleados en el bombardeo de Vietnam del Sur hacen uso no sólo de equipos extremadamente complejos y caros, sino, casi tan importante, de un gran número de técnicos relativamente escasos y caros. Tiene inmensos costos de capital; mil aviones de un tipo muy avanzado, literalmente, cientos de miles de piezas de repuesto, enormes reservas de cohetes, bombas, obuses y balas, además de decenas de miles de especialistas técnicos; pilotos, bombarderos, navegantes, operadores de radar, programadores, contadores, ingenieros, técnicos electrónicos y mecánicos, para nombrar sólo algunos. En pocas palabras, es “capital intensivo”.

 

Por otra parte, la coordinación de esta inmensa masa de equipos esotéricos y su operación en la manera más eficaz depende de una técnica muy desarrollada tanto en el empleo de cada pieza del equipamiento por un equipo específico de operadores y en la gestión del propio programa . Por supuesto, todas las grandes organizaciones estandarizan sus procedimientos de operación, pero es propio de sistemas tecnológicos avanzados que sus procedimientos operativos incorporen un grado muy alto de la información extraída de las ciencias físicas, mientras que sus procedimientos de gestión son igualmente dependientes de la información extraída de las ciencias sociales . Podemos describir esta situación diciendo que los sistemas tecnológicos avanzados son tanto “técnico intensivos” y “administrativamente intensivos.”

 

Debe quedar claro, por otra parte, que incluso para el observador más casual ese uso intensivo de capital, técnica y gestión se derrama en casi todas las áreas tocadas por el sistema tecnológico de que se trate. Un programa de ataque lanza 330.000 toneladas de municiones, más o menos selectivamente a varios miles de objetivos distintos mensualmente sería una anomalía si se le obligara a depender de los datos esporádicos de inteligencia, sistemas de mantenimiento erráticos, o un fluctuante e impredecible suministro de bombas pesadas, cohetes, combustible de aviación, y tanques de napalm. Por lo tanto, es precisamente porque el programa de bombardeo requiere un uso intensivo de capital, técnica y gestión que las mismas propiedades son normalmente transferidas a los sistemas de inteligencia, de mantenimiento, de suministro, de coordinación y capacitación que la respaldan. En consecuencia, cada uno de estos sistemas de apoyo está sujeto a fuertes presiones para mejorar y racionalizar el funcionamiento de sus máquinas y hombres, la fiabilidad de sus técnicas, así como la eficiencia y la sensibilidad de los controles de gestión en las que opera. Dentro de los sistemas técnicos integrados, los niveles más altos de la tecnología expulsan a los menores, y la tendencia normal es a integrar sistemas.

 

A partir de esta perversa Ley de Gresham de la Tecnología de seguir algunas de las principales características sociales y de organización de los sistemas tecnológicos contemporáneos: el aumento radical en la escala y complejidad de las operaciones que exigen y fomentan; la difusión rápida y generalizada de la tecnología a nuevas áreas; la gran diversidad de actividades que pueden ser dirigidas por la administración central; un aumento de la ambición de los objetivos de gestión; y, como corolario, sobre todo, la creciente resistencia a la influencia de las llamadas “externalidades negativas”.

 

Sistemas tecnológicos complejos son extraordinariamente resistentes a la intervención de personas o problemas al margen o por debajo de sus grupos de gestión, y esto es independientemente de la “política” de una situación dada. La tecnología crea su propia política. El punto de estos sistemas avanzados es reducir al mínimo la incidencia de la conducta personal o social que es errática o de otra manera no es fácil de clasificar, de las herramientas y equipos con bajo rendimiento, de técnicas improvisadas, y de la falta de respuesta a la administración central.

 

Por ejemplo, se nombraron los hombres que son “suavemente poco realistas” sobre el tema de las bajas civiles y los agricultores de los distritos impugnados que suponen una amenaza mortal para el carácter integral de los sistemas, como el utilizado en Vietnam. En el caso de los soldados, esto significa que debe mantenerse bajo la apretada disciplina militar. En el caso de los agricultores, debe ser colocado fácilmente en una de las dos categorías; colaborador o enemigo. Esto se hace mediante la asignación de una probabilidad a él, su aldea, su pueblo o su barrio, y con la incorporación de esa probabilidad en los planes dirigidos del sistema de bombardeo. Entonces al soldado raso se lo puede controlar mediante la formación y adoctrinamiento, así como por medio de técnicas altamente desarrolladas de mando y coerción, y los agricultores pueden ser bombardeados de acuerdo con los modelos estadísticos más avanzados. En ambos casos la autoridad del sistema sobre sus súbditos, campesinos o soldados rasos, es de carácter técnico. Los medios técnicos que hacen al sistema racional y eficiente en sus términos agregados, es decir, tal como se ve desde la parte superior, tienden por diseño filtrar a los elementos “no racionales” y “no eficaces” de sus componentes y sujetos, es decir, , los que se levantan desde el final.

 

Definir la tecnología de manera abstracta que oculta estas características observables de la tecnología contemporánea, como Mesthene y su escuela no lo han hecho no tiene sentido. Tiene aún menos sentido reclamar alguna maleabilidad mágica para algo tan indefinido como “innovación institucional.” La tecnología, en su significado concreto y empírico, se refiere fundamentalmente a los sistemas de control racionalizado sobre grandes grupos de hombres, eventos y máquinas por parte de pequeños grupos de hombres con habilidades técnicas que operan a través de la jerarquía organizacional. Las “oportunidades” latentes proporcionadas por tal control y su capacidad para filtrar las discordantes “externalidades negativas” son, por supuesto, mejor ilustrados por casos extremos. Por lo tanto, el ejemplo más instructivo y preciso debe ser el de una tecnología capaz de suprimir la humanidad de su rango y archivos y cometer un genocidio como un subproducto de su racionalidad. El programa de bombardeo de Vietnam encaja en la tecnología con una “T”

 

III

 

Sin duda, sería difícil tratar de traducir de alguna manera simple y directa las propiedades sociales y de organización de los sistemas tecnológicos altamente desarrollados de los campos de batalla de Vietnam al diferente marco cultural e institucional de los EE.UU.. Sin embargo, antes de concluir que cualquier intento sería inútil o incluso absurdo, podríamos considerar la siguiente historia.

 

A principios de 1967 me alojé durante varios días con una de las compañías de infantería de la Cuarta División de EE.UU. cuyo batallón matriz se basó entonces en Dau Tieng. Desde el campamento de Dau Tieng la conocida Black Lady Mountain, sagrada para la secta religiosa Cao Dai, era fácilmente visible y, de hecho, dominaba la llanura circundante y el campamento en sí. Una tarde, cuando empecé a explicar el significado religioso de la montaña a unos amigos soldados, interrumpieron mi discurso un tanto académico para contarme un cuento junto al cual incluso las extrañas creencias de la secta Cao Dai aparecieron prosaicas.

 

De acuerdo con informes de Inteligencia Militar que los soldados habían oído y creído los Viet Cong habían hace mucho tiempo vaciado a la montaña con el fin de instalar un gran cañón allí. El tamaño del cañón quedó un tanto vaga-”enorme, maldito …”-pero es evidente que la Inteligencia Militar imaginó que era acorazado. En cualquier caso, este enorme cañón había cobrado antiguamente un alto precio de los aviones estadounidenses y se había hecho impermeable a los contraataques de EE.UU por la presencia de dos “grandes, malditas” puertas de acero-deslizantes, detrás de la cual se retiraba cada vez que los estadounidenses atacaban. ¿Habían visto a este cañón acorazado, y disparó alguna vez contra el campamento, que estaba dentro de su alcance fácilmente? No, respondieron, en un valiente folleto, reconociendo la efectividad del cañón en contra de sus compañeros pilotos, habían estrellado deliberadamente un avión contra esas puertas un día, atascándola, y permitiéndole a los estadounidenses mudarse a la zona sin obstáculos.

 

Yo nunca había estado en el ejército, y en el momento de mi viaje a Vietnam aún no había aprendido cuan fantásticas pueden ser las historias de Inteligencia Militar . Así me pareció difícil de entender cómo podrían ser convencidos de una historia tan improbable. Sólo más tarde, después de hablar con muchos soldados y oír muchas otras historias salvajes también de ellos, me di cuenta de cuál era la explicación para esto. A diferencia de los agentes y corresponsales civiles que están casi a diario dando informes detallados sobre las capacidades y objetivos de la situación de una unidad, a los soldados no se les dice prácticamente nada de esto por parte del Ejército. A ellos simplemente se les dice qué hacer, dónde y cómo, y es raro que un oficial, en mi experiencia, piense que se les debe decir algo más que esto. Los oficiales no creen que los soldados sean estúpidos; ellos simplemente lo asumen, y actuan en consecuencia. Para la vida personal de cada soldado no hay mucha diferencia; él tiene todavía que hacerse cargo de sus sentimientos personales, su propio bienestar y el de su familia.

 

Sin embargo, para la vida del grupo de soldados esto hace una gran diferencia. En su vida de grupo, los soldados están aislados de las fuentes de información sobre la situación del grupo y se colocan en una posición en la que su comportamiento social se rige en gran medida por el principio de la obediencia ciega. Bajo tales circunstancias, la realidad se vuelve difícil de alcanzar. Debido a que no se les permite a los soldados hacerle frente a los hechos a su manera, los hechos dejan de disciplinar a sus opiniones. La fantasía y cuentos salvajes son el resultado natural. De hecho, es probablemente un indicio de inteligencia de los soldados fantasear, porque significa que no permitieron que su capacidad intelectual se atrofie. La inteligencia del individuo se expresa así en la irracionalidad del grupo.

 

Es este proceso el que podemos observar cuando nos fijamos en el sentido social de los sistemas tecnológicos modernos en el propio EE.UU.. Aquí, el proceso no es tan simple y claro como en Vietnam, ya que implica no simplemente las relaciones de los soldados de hoy en día a sus oficiales y al Ejército, sino al desarrollo histórico de las relaciones análogas entre las clases inferiores y superiores de nuestra sociedad. Por otra parte, estas relaciones son ampliamente culturales más que estrictamente de naturaleza social. Una breve revisión de este tema tan complejo quiero tocar ahora.

 

IV

 

Entre las explicaciones convencionales para el surgimiento y la propagación de la ética democrática en Europa y América del Norte en los siglos XVII, XVIII y XIX, la destrucción de la brecha en la cultura política entre la masa de la población y el de las clases dominantes es extremadamente importante. Hay varias partes en esta explicación. Por ejemplo, a menudo se argumenta que la invención de la imprenta y la difusión del cristianismo protestante alentaron un crecimiento significativo en la alfabetización popular. En sus primeras fases de esta alfabetización se gastó gran parte en la lectura del Antiguo y del Nuevo Testamento, pero se amplió rápidamente para incluir otras obras religiosas como El Progreso del Peregrino de Bunyan, y después de eso a clásicos seculares como Los viajes de Gulliver. La fecha de estos acontecimientos es, por la naturaleza del caso, algo imprecisa. Pero, ciertamente, a mediados del siglo XVIII, por lo menos en Gran Bretaña y América del Norte, la alfabetización de la población era suficiente para solventar a una variedad de periódicos y revistas, no sólo en las grandes ciudades, sino también en las ciudades provinciales más pequeñas. Declinando, en paralelo a este desarrollo, el Latín como el primer lenguaje de la política y la religión, por supuesto. Así, incluso antes de la llegada de Tom Paine, Babeuf y otros oradores populares, la alfabetización y la información que fue amplia y con seguridad se extendió por toda la población y la desmitificación de ambos, lo religioso y los privilegios políticos de las clases dominantes, estaban bien desarrolladas. Ciudadanos comunes habían cerrado al menos una de las brechas culturales entre ellos y la aristocracia de las grandes ciudades.

 

Del mismo modo, a menudo se argumenta que con la ampliación y mejora de los caminos y los sistemas postales, la difusión de nuevas herramientas y técnicas, el crecimiento en el número y variedad de mercancias, la consecuente dinamización de la vida de la ciudad, y otros numerosos acontecimientos familiares y conexos , las experiencias sociales de un gran número de personas se convirtieron en más ricas, variadas, y similares, de hecho, a los de las clases dominantes. Esto último, el crecimiento de la similitud de las experiencias sociales de las clases altas y bajas, es especialmente importante. Habilidades sociales y experiencias que subyacen en el monopolio de las clases altas en los procesos de la ley y el gobierno se estaban extendiendo a importantes segmentos de las clases bajas de la sociedad. La realización del comercio, la administración de una granja comercial-no de subsistencia, participar en la Junta Comunal o un gremio de obreros, o trabajar en una moderna fábrica o negocio, a diferencia de la existencia relativamente estrecha del siervo medieval o artesanal, fueron experiencias que contribuyeron a lo que yo llamaría la racionalidad social de las clases bajas.

 

Actividades que exigen frecuentes relaciones con extraños, el cálculo preciso de medios cercanos y fines distantes, y la voluntad de encontrar formas colectivas de resolver problemas nuevos e inesperados demandan y recompensan una atención más exigente a la realidad y las deficiencias de la vida social, y proporcionan con ello un rica variedad de experiencias sociales análogos a los de las clases gobernantes. Como resultado, no sólo fueron los procesos de la ley y el gobierno, anteriormente tratados con veneración semi-religiosa, los que fueron desmitificados sino, igualmente importante, una población se estaba equipando con habilidades e intereses suficientes para impugnar su control. Otra brecha entre las culturas políticas de los extremos superior e inferior del espectro social se estába cerrando.

 

El mismo período también es testigo de un crecimiento en los medios organizados de la expresión popular. En Gran Bretaña, éstos incluirían las organizaciones populares de trabajores, cuyo desarrollo describe de manera tan bien Edward Thompson La Formación de la Clase Trabajadora Inglesa. En Estados Unidos, el aumento en el poder organizado de la población se expresa no sólo en el creciente conflicto entre las colonias y la Corona, sino más agudamente y, fundamentalmente, en el antagonismo permanente entre las zonas costeras y la selva virgen, expresado, por ejemplo, en la rebelión de Shay en el oeste de Massachusetts en 1786. Es evidente que estos desarrollos organizativos se relacionan con los dos anteriores como causa y efecto. El movimiento Obrero Inglés y las reivindicaciones de la autonomía local en los Estados Unidos se estimuló, y se estimuló por el crecimiento de la alfabetización individual y la racionalidad social entre las clases bajas. Eran, de hecho, su expresión organizativa.

 

Estos mismos avances se reflejaron también en la propagación de las doctrinas igualitarias y republicanas como las de Richard Price y Thomas Paine, que señalaron el carácter arbitrario de lo que hasta ese momento se habían considerado los derechos de las órdenes más altas de la sociedad, y por lo tanto proveyeron la base ideológica popular que ayudó a definir y legitimar las demandas de las clases bajas.5

 

Esta descripción de ningún modo hacen justicia a la riqueza y variedad del proceso histórico que subyace al surgimiento y la difusión de lo que se ha dado en llamar el ethos democrático. Pero sí, espero, aislen a algunos de los elementos estructurales importantes y, además, nos permita iluminar a algunos aspectos importantes de la nueva tecnología, celebrada por Mesthene y sus asociados para sus posibles contribuciones a la democracia, que contribuyen ,en cambio, a la erosión de ese mismo ethos democrático. Porque si, en un momento anterior, la brecha entre las culturas políticas de las órdenes superiores e inferiores de la sociedad estaba siendo ampliamente atacada y cerrada, esto ya no parece ser el caso. Por el contrario, estoy convencido de que la dirección se ha invertido y que ahora observamos evidencia de una separación cada vez mayor entre el poder y la cultura de las clases bajas en EE.UU., una separación que está especialmente reforzada por el rápido crecimiento de la tecnología y la creciente influencia de sus ideólogos laissez innover. [dejar innovar]

 

Ciertamente, ha habido una disminución en la alfabetización popular, es decir, en aquellos aspectos de la alfabetización que tienen que ver con la comprensión del carácter político y social de la nueva tecnología. Incluso una persona de cada cien no es aún consciente de, y mucho menos entiende, la naturaleza de los sistemas más avanzados tecnológicamente, como se usan en el programa de bombardeos de Vietnam. La ignorancia de la gente en estas cosas se revela en su lenguaje. No hay una ilustración más clara de esta ignorancia que la creciente y ya enorme diferencia entre el discurso de los especialistas técnicos y de organización y la del hombre de la calle, incluyendo a muchos de los educados. En la medida en que las formas técnicas del discurso en el que el principal asunto de la sociedad estadounidense está mantenido no se entiende o no se entienden bien, hay una disminución de uno de los elementos esenciales de la democracia.

 

Esto no quiere decir que la jerga peculiar que caracteriza el discurso de, por ejemplo, los técnicos aeroespaciales, gestores de crisis, o los mandarines económicos es intrínsecamente superior al vocabulario de la conversación ordinaria, aunque a veces este es de hecho el caso. Lo importante de un lenguaje técnico es que las palabras, por ser ajenas al lenguaje corriente, ocultan su significado a los hablantes ordinarios; términos como ayuda exterior o de asistencia técnica tienen un buen sonido en el lenguaje corriente; sólo el iniciado los reconoce como sinónimos de la antigua, desagradable palabra, imperialismo. Tales casos pueden ser corregidos, pero cuando la casi totalidad de los asuntos públicos se lleva a cabo en esta jerga especializada la corrección hace poca diferencia. Al igual que el Latín en el pasado, el nuevo lenguaje de la organización social y técnica está divorciado de la población en general, que sigue hablando en la lengua vulgar de, por ejemplo, The New Republic, the Saturday Review of Literature, o The Reader’s Digest.

 

En segundo lugar, la organización social de la nueva tecnología, al negar sistemáticamente las experiencias generales de la población que son análogas a las de su gestión superior, contribuye muy fuertemente al crecimiento de la irracionalidad social en nuestra sociedad. Por ejemplo, la organización tecnológica moderna define las funciones y valores de sus miembros, y no a viceversa. Un ingeniero o un sociólogo es aquel que hace todas esas cosas, pero sólo aquellas cosas requeridas por la “mesa de la organización” y la “descripción del trabajo” usada por su empleador. Profesionales que buscan la autorrealización a través de la conducta creativa y autónoma sin tener en cuenta los objetivos definidos, las necesidades, y los canales de sus respectivos departamentos tienen más lugar en una gran corporación o agencia gubernamental que soldados aprensivos en el Ejército. Naturalmente cierta tolerancia normalmente se extendería a individuos muy talentosos o agradables. Esto es especialmente cierto en las universidades. Pero para el empleado común (o nuevo miembro de la facultad) las sanciones de la compañía por su comportamiento laboral, estilo de trabajo y otras cuestiones conexas deben tener fuerza de ley.

 

Sin embargo, los que están en la parte superior de las organizaciones tecnológica más avanzadas casi no sufren la misma experiencia. Por razones que están claramente relacionadas con el principio de la burocracia Altruista la psicología de la satisfacción de un individuo a través del trabajo se ha incorporado a la ideología de gestión. Como las páginas de Fortune, Time, o Business Week o las memorias de los Kennedys fuera de la oficina sirven para mostrar que los niveles más altos de los negocios y el gobierno son atendidos por hombres y mujeres que se pasan horas velando por el bienestar económico y la seguridad nacional del resto de nosotros. Se dice que son muy pocas las recompensas de esta vida: el amor al dinero sería humillante y, en todo caso, se dice que los impuestos toman la mayor parte de él; sus sacrificios son muchos, si fallan generan una depresión económica a las masas o ganancias al comunismo, así como la desgracia a los gerentes de descarriados. Incluso la magnaminidad esencial o el altruismo de nuestros gerentes no tienen ningún premio, para el público está distraído, inconstante, y, en ocasiones, es vengativo. (La extensa literatura sobre el “calvario” de Lyndon Johnson es un ejemplo de ello.) Por lo tanto, para estos “verdaderos revolucionarios de nuestro tiempo”, como Walt Rostow los ha llamado, la realización personal a través del trabajo y la disciplina es la única recompensa. El proceso de gestión es visto como una expresión de las personalidades vitales de nuestros líderes y el derecho al mismo derecho inalienable de la élite nacional.

 

Además de todo esto, su eminencia solitaria y sin recompensa ante la aplastante responsabilidad, etc, tiende a crear un aire de misterio en torno a los gerentes de tecnología. Cuando se le agrega el augusto misterio de la ciencia y las prebendas de los altos cargos a sus halos, ellos brillan muy deslumbrantes de hecho. Por lo tanto, en la ideología, así como en la realidad y apariencia, las experiencias de los gerentes más altos tienden a separarse y aislarse de la de los administrados. Una vez más la situación en los EE.UU. no es tan grave ni tan marcada como la del ejército en Vietnam, pero el efecto sobre aquellos que están excluidos de la autogestión es muy similar. Los soldados en Vietnam no son los únicos en creer que enormes, armas secretas los amenazan desde varios puntos; ese mismo sentimiento es una enfermedad nacional en los EE.UU..

 

Parece fundamental para la organización social de la tecnología moderna que la calidad de la experiencia social de las clases bajas de la sociedad disminuya a medida que el nivel de la tecnología crece más que su alfabetización. Y, por supuesto, este proceso se alimenta a sí mismo, con la consiguiente disminución de la eficacia real y utilidad de las organizaciones locales y otras formas de organización abiertas a la fácil y directa influencia popular su vitalidad disminuye aún más, y el ciclo se repite.

 

La vida normal de hombres y mujeres de la parte inferior y, en mi opinión, niveles medios de la sociedad estadounidenses parecen ahora separados de esas experiencias en los que medios sociales cercanos y fines sociales distantes son equilibrados y reequilibrados, ajustados y reajustados. Pero es a partir de esa experiencia generalizada con el efectivo equilibrio y ajuste que la racionalidad social deriva. En la medida en que se carece, la irracionalidad social se convierte en la norma, y ??la paranoia social, un fenómeno recurrente.

 

Aquellos que buscan una explicación para el enamoramiento de los gobiernos locales con las campañas contra la fluoruración de hace varios años no necesitan buscar más. Una irracionalidad similar ahora se exhibe hacia la guerra en Vietnam y el movimiento anti-guerra. Sin mucho esfuerzo y sin usar una gran habilidad, los presidentes Johnson y Nixon han logrado dirigir la frustración popular desorganizada por la continuación de la guerra y el aborrecimiento popular por su violencia incesante hacía precisamente esos elementos en la población más activaos y eficaces frente a la guerra y su violencia. En cuanto a la paranoia, consideren la reacción generalizada de los blancos hacía el asesinato del Dr. King. Su demanda de fuerza y ??más fuerza para ser utilizada contra la población Negra era compatible sólo con la hipótesis de que el Dr. King asesinó a James Earl Ray, al igual que los miembros del SNCC habían linchado a miembros del Klan sólo unos pocos años antes.

 

La gente suele decir que Estados Unidos son una sociedad enferma, cuando lo que realmente quieren decir es que tiene una gran cantidad de personas enfermas. Pero estaban bien desde el principio: la sociedad está tan enferma que los esfuerzos individuales para corregirlo y la racionalidad individual llegan a expresarse en formas fundamentalmente enfermas. Al igual que los soldados en Vietnam, tratamos de evitar la atrofia de nuestra inteligencia social sólo para ser llevados a la fantasía y, a menudo, a la violencia. Es algo buena querer el fin de la guerra de Vietnam porque, como ahora todo el mundo reconoce, nos duele casi tanto como los vietnamitas que son sus víctimas. Pero para muchos segmentos de nuestra población, especialmente los aislados de expresión política a causa de su propia desorganización social, la racionalidad de varias alternativas para ponerle fin a la guerra es fundamentalmente oscura. Por lo tanto su deseo encomiable para terminar la guerra se expresa en lo que ellos creen que es la alternativa más clara y segura: usar la bomba!

 

El mismo Mesthene reconoce que esas “externalidades negativas” van en aumento. Su lista incluye “… la contaminación del medio ambiente, los posibles daños a la ecología del planeta, dislocaciones laborales y sociales, las amenazas a la privacidad y la significación política del individuo, el malestar psicológico y social ….” todos asuntos de menor importancia, sin embargo, cuando se los compara a las maravillosas oportunidades que el laissez innover sostiene a nosotros: más PIB, continuar con el liderazgo del mundo libre, transportes supersónicos, renovación urbana a nivel regional, innovación institucional, y las promesas milenarias de su escuela.

 

Esto nos lleva, finalmente, a las ideologías y doctrinas de la tecnología y su relación con lo que he sostenido es una brecha cada vez mayor en la cultura política entre las clases inferiores y superiores de la sociedad estadounidense. Aún más fundamental que los principios del laissez innover y el burócrata altruista, la tecnología en su propia definición como la organización de los conocimientos con fines prácticos asume que el papel primordial y muy creativo en los procesos sociales consiguientes sobre el cambio tecnológico está reservado a una elite científica y técnica, la élite que presumiblemente descubre y organiza ese conocimiento. Pero si las élites científicas y técnicas y sus compinches de gestión indispensables son el elemento realmente creativo (y trabajador y altruista) en la sociedad estadounidense, esto quiere decir que la masa común de los hombres se arrastra esencialmente hacía el bien social? Esta es precisamente la implicación que se dibuja por la escuela del laissez innover . Consideren las siguientes citas de un artículo que apareció en The New Republic, en diciembre de 1967, escrito por Zbigniew Brzezinski, uno de los líderes intelectuales de esa escuela.

 

Brzezinski está describiendo una pesadilla que él llama “sociedad tecnotrónica” (la palabra como el concepto es un pastiche de tecnología y electrónica). Esta sociedad se caracteriza, según él, por la aplicación de “… el principio de la igualdad de oportunidades para todos, pero … oportunidades especiales para los pocos singularmente talentosos.” Serán así combinados “… continúa respecto a la voluntad popular con un papel creciente en las instituciones claves de toma de decisiones de los individuos con logros intelectuales y científicos especiales. “(la cursiva es nuestra.) Naturalmente,” Los sistemas educativos y sociales [harán] cada vez más atractivo y fácil que los pocos meritocráticos desarrollen al máximo su especial potencial”.

 

Sin embargo, mientras que será “… necesario exigir a todos un mensaje lo suficientemente responsable para tener, digamos, dos años de readiestramiento [científico y técnico] cada diez años …”, el resto de nosotros podemos desarrollar un nuevo “…interés en los aspectos culturales y humanísticos de la vida, además de preocupaciones puramente hedonistas. “(La cursiva es nuestra.) Esto último, que él tiene cuidado de señalar,” serviría como una válvula social, reducir las tensiones y frustraciones políticas. “

 

¿No es justo preguntarse cuánto respeto tendremos nosotros despreocupados amantes del placer y consumidores de cultura de los burócratas que trabajan honestamente, yendo a la escuela nocturna dos años de cada diez, mientras trabajaban como castores en las “instituciones de adopción de decisiones clave”? El altruismo de nuestros burócratas tienen una carga pesada de llevar.

 

Despojado de sus eufemismos son simplemente argumentos que refuerzan la legitimidad social de los intereses de las nuevas élites técnicas y científicas y detractan los intereses del resto de nosotros; es decir, si aún podemos formular esos intereses, ya que estaremos cegados por la loca persecución de los placeres (y la innovación??!) amontonados para nosotros por la tecnología avanzada. Mesthene y sus condiscípulos tratan de argumentar en torno a su propia derogación del ethos democrático por frecuentes referencias, como hemos visto, a su propia fidelidad al mismo. Pero es instructivo a este respecto señalar que tienden, con Brzezinski, a encontrar la verdadera sustancia del espíritu democrático en el principio de la igualdad de oportunidades. Antes de aplaudirlos, sin embargo, debemos examinar el papel que juega este principio en el marco de la sociedad tecnológica avanzada que proponen.

 

Como ya se ha puesto de manifiesto la escuela laissez innover acepta las tendencias centralizadoras de la organización social de la tecnología como algo inevitable y deseable, y aceptan también la mistificación que viene a rodear el proceso de administración. De este modo la igualdad de oportunidades, tal como lo entienden, tiene muy poco que ver con la creación de una sociedad más igualitaria. Al contrario, funciona como un elemento indispensable de la sociedad altamente estratificada que imaginan para el futuro. Porque en la sociedad de la jerarquía meritocrática, la igualdad de oportunidades asegura que jóvenes talentosos meritócratas (la palabra no es más fea que el sistema social al que se refiere) será capaz de subir en las grietas “de la toma de decisiones clave” reservadas al talento entrenado, y así generar el éxito de la nueva sociedad y su cohesión contra las “tensiones y frustraciones políticas” populares.

 

Las estructuras que anteriormente garantizaban la regla de riqueza, edad, y familia no será destruida (o al menos no totalmente). Ellas serán consolidadas y racionalizadas mediante la adición perpetua de la formación (por supuesto, aculturado) de talento. En las sociedades tecnológicamente avanzadas, la igualdad de oportunidades funciona como un principio jerárquico, en oposición a las metas sociales igualitarias a quienes fingen servir. En la medida en que ya se ha convertido en el tipo de “igualdad” que tratamos de establecer en nuestra sociedad, es uno de los principales factores que contribuyen a la brecha cada vez mayor entre las culturas de clase alta y baja en EE.UU..

 

V

 

Hace aproximadamente un siglo, la filosofía del laissez faire comenzó su período de hegemonía en la vida estadounidense. Su éxito en el logro de la hegemonía claramente tenía menos que ver con sus méritos como un resumen de la verdad económica que con su papel en la lucha social de la época. Esto ayudó a identificar los intereses de las instituciones del capitalismo empresarial a las clases sociales que las dominaron y se beneficiaron de ellas. Igualmente, esbozó a grandes rasgos las líneas generales de una sociedad en la que los intereses legítimos de todos los que supuestamente podrían ser servidos solamente por la deferencia sistemática a los intereses de los capitalistas emprendedores, sus instituciones y sus aliados sociales. En pocas palabras, el significado primario del laissez faire yacía en su papel de ideología, como expresión cultural o intelectual de los intereses de una clase.

 

Algo así habría que decir del laissez innover. Como un estamento resumido de la relación entre el cambio social y tecnológico que oculta mucho más que lo que aclara, pero que a menudo es función y genio de los ideólogos. El Laissez innover ahora es la principal ideología del impulso tecnológico en la sociedad estadounidense, es decir , de las instituciones que monopolizan y lucran con la tecnología avanzada y de las clases sociales que encuentran en la libre explotación de su tecnología la garantía más probable de su poder, estatus y riqueza.

 

Dicho esto, es importante destacar tanto la importancia y las limitaciones de lo que de hecho se ha dicho. Aquí la distinción de Mesthene entre las oportunidades positivas y “externalidades” negativas inherentes al cambio tecnológico es fundamental; para todo lo demás que he argumentado sigue por inferencia el significado social real de esa distinción. A medida que mi análisis del programa de bombardeo de Vietnam sugería que, esos efectos tecnológicos que buscan oportunidades positivas y las que se desestimaron como externalidades negativas son decisivamente influenciados por el hecho de que esta distinción entre positivo y negativo dentro de las organizaciones tecnológicas avanzadas tiende a hacerse entre los planificadores y administradores mismos. Dentro de estos grupos existen, como se ha señalado, muy potentes factores organizativos, jerárquicos, doctrinarios, y otros factores “técnicos”, que tienden por diseño a filtrar las demandas “irracionales” de abajo, sustituyéndolas por las demandas “racionales” de la tecnología en sí. Como resultado de ello, la racionalidad tecnológica es socialmente neutra hoy en día como la racionalidad del mercado lo era hace un siglo.

 

Pasando de la lógica social interna de las organizaciones tecnológicamente avanzadas y sistemas con un efecto social más amplio, podemos observar una convergencia significativa. Para ambos la tendencia social de la tecnología y la ideología (o retórica) de la escuela del laissez innover convergen para fomentar un espacio político y cultural entre los extremos superior e inferior de la sociedad estadounidense. Como ya he señalado, estos ahora pueden ser caracterizados como los que manejan y los que son gestionados por sistemas tecnológicos avanzados.

 

Este análisis presta un poco de peso (aunque tal vez no más que eso) a una serie de conclusiones de gran alcance y poco ortodoxas sobre la sociedad estadounidense de hoy y las direcciones en a las que está tendiendo. Puede ser útil para esbozar la más importante de esas conclusiones en la forma de un conjunto de hipótesis vinculadas, no sólo para aclarar lo que parecen ser las tendencias latentes de la sociedad tecnológica avanzada de Estados Unidos, sino también para proporcionar guías más útiles para la investigación del impulso tecnológico ofrecido por el oscurantismo y las abstracciones de la escuela del laissez innover.

 

En primer lugar, y lo más importante, la tecnología debe ser considerada como un sistema institucional, no más, y ciertamente no menos. La definición de Mesthene del sujeto es insuficiente, ya que oscurece los cambios sociales sistemáticos y decisivos, especialmente las tendencias políticas y culturales, que siguen a la aplicación generalizada de sistemas tecnológicos avanzados. Al mismo tiempo, la tecnología es menos que un sistema social per se, aunque tiene muchos elementos de un sistema social, a saber, una elite, un grupo de instituciones vinculadas, un ethos, y así sucesivamente. Tal vez el mejor resumen del caso reside en una analogía-con toda la vaguedad y la precisión operativa en esas cosas: la tecnología de hoy en día está en relación con el capitalismo de hoy como hace un siglo, este último se quedó con el capitalismo de libre mercado de la época.

 

La analogía sugiere, con precisión suficiente en mi opinión, la probabilidad de que los vínculos institucionales y los intereses compartidos entre las grandes empresas, el gobierno federal, en especial su sector militar, la multiversidad y las fundaciones, crecerán en lugar de disminuir. Sugiere, además, un enredo cada vez mayor de sus élites, probablemente en las neo-empresas de tecnología, como las empresas de desarrollo urbano y los institutos de análisis de defensa, cuya importancia parece probable que aumente considerablemente en el futuro.

 

Por último, se sugiere una creciente convergencia entre el ethos y la ideología de las principales clases de tecnología a lo largo de líneas que disminuyan ligeramente la importancia relativa de la retórica de la “propiedad”, e incluso sobre la “seguridad nacional”, al tiempo que mejora la retórica de laissez innover.. Esto no implica necesariamente y sacrifica a las prerrogativas de cualquiera del sector privado o de los gestores de la crisis y de los militares, ya que uno puede entender fácilmente cómo se pueden aplicar las restricciones de élite del laissez innover para fortalecer la posición de las corporaciones y establecimientos militares.6

 

Una palabra acerca de las elites: una serie de escritores de la escuela del laissez innover, por ejemplo, JK Galbraith en su The New Industrial State, han argumentado que la mayor importancia de los conocimientos científicos y técnicos en los sistemas tecnológicos avanzados implica un poder socio-político reforzado para las personas que tienen tal conocimiento. Galbraith, en particular, ha argumentado que estas personas, a quienes llama ” patrimonio educativo y científico”, constituyen en la actualidad una clase de elite cuyos intereses divergen de forma considerable de los de otras élites. Como aquí he argumentado extensamente en otro lugar en contra de este punto de vista,7 déjenme limitarlo aquí a unos pocas observaciones críticas.

 

El concepto de una clase “educada y científica” que forma una elite de Galbraith tiene una visión peculiar de la relación que los miembros de esa supuesta clase tienen con la tecnología avanzada. En concreto, se pasa por alto el hecho de que la mayoría de los técnicos, científicos y educadores se emplean en tareas relativamente especializadas dentro de grandes organizaciones cuya gestión y planificación de los niveles son apenas menos aisladas de su influencia que de la influencia de los técnicamente no calificados.

 

El evidente crecimiento en el estado y, en mi opinión, poder de hombres como Ithiel de Sola Pool, Herman Kahn, Samuel Huntington, Daniel Patrick Moynihan, Henry Kissinger, Charles Hitch, y Paul Samuelson apenas representa el triunfo de la sabiduría sobre el poder-una implicación no ausente en el análisis de Galbraith. Un examen de la función que estos hombres desempeñan en nuestra vida nacional debe hacer hincapié en que son emprendedores científicos y técnicos, cuyo poder se basa en gran medida en su capacidad para movilizar y organizar recursos, científicos, mano de obra técnica y otros recursos, incluyendo donaciones de fundaciones y patrocinio de universidades, en nombre de los objetivos de las instituciones en curso. Son mucho más como gestores que como intelectuales, mucho más parecido a brokers que a analistas.

 

Lo mismo se aplica duramente a los miles de EEs, Ph.D.s, M.S.s, y demás que conforman los recursos sobre los que estos mandarines presiden y cuyas habilidades están mucho más a su disposición. Pero reconociendo que las funciones de gestión y de administración son las que predominan en el rol de los mandarines también hay que reconocer que los intereses de ellos son más propensos que los no a converger hacia los intereses de los otros segmentos de la elite nacional. Esta conclusión es diametralmente opuesta a la que argumenta Galbraith.

 

Una segunda hipótesis importante diría que la dimensión más importante de las instituciones tecnológicas avanzadas es la social, es decir, las instituciones son las agencias de control social altamente centralizadas e intensivas. La tecnología conquista la naturaleza, como dice el refrán. Pero para ello debe primero conquistar al hombre. Más precisamente, se exige un alto grado de control sobre la formación, la movilidad y las habilidades de la fuerza de trabajo. La ausencia (o disminución) del control directo o de la coerción no debe servir para ocultar de nuestra vista la realidad y la intensidad de los controles sociales que se emplean (como la creencia interiorizada en la igualdad de oportunidades, el endeudamiento a través del crédito, la publicidad, el servicio selectivo canalizado, y así sucesivamente).

 

La tecnología avanzada ha creado un gran aumento en las especialidades profesionales, muchas de ellas requieren de muchos, muchos años de entrenamiento altamente especializado. Se debe motivar a este entrenamiento. Se ha hecho cada vez más complejo y “racional” las formas en que estas especialidades ocupacionales se combinan en nuestra vida económica y social. Se debe ganar pasividad y obediencia en esta compleja actividad . Anteriormente , la racionalidad técnica había sido empleada sólo para organizar la producción de objetos físicos más bien simples , por ejemplo, bombas aéreas . Ahora la racionalidad técnica se emplea cada vez más para organizar todos los procesos necesarios para la utilización de objetos físicos , como los sistemas de bombardeo , el mantenimiento, la inteligencia y los sistemas de abastecimiento . Por esta razón, parece un error argumentar que estamos en una era “post -industrial” , un concepto favorecido por la escuela del laissez innover. Por el contrario, la rápida propagación de la racionalidad técnica en la vida organizativa y económica y , por lo tanto , en la vida social se describe mejor como una segunda y más intensa fase de la revolución industrial . Uno podría sospechar razonablemente que va a crear problemas sociales análogos.

 

De acuerdo con ello , una tercera hipótesis importante argumentaría que son muy profundos los antagonismos sociales o menos nítidas las contradicciones o fundamentos que son atribuidas por Marx para el desarrollo de la sociedad industrial del siglo XIX. La forma general de las contradicciones puede ser descrito de la siguiente manera : una sociedad caracterizada por el empleo de tecnología avanzada requiere una población cada vez más socialmente disciplinada , sin embargo, conserva una capacidad cada vez menor para hacer cumplir la disciplina requerida .

 

Uno puede describir fácilmente cuatro formas específicas de la misma contradicción general. Ocupacionalmente , la fuerza de trabajo debe ser sobre- entrenada y subutilizada . Aquí , de nuevo, una analogía con la práctica industrial clásica sirve para acortar y simplificar la explicación . Tengo en mente la línea de montaje . Como un dispositivo en la organización del proceso de trabajo de la cadena de montaje es valioso principalmente porque da a la administración de un alto grado de control sobre el ritmo de la obra y , más concretamente , en el presente caso, divide el proceso de trabajo en unidades tan simples que la calidad del trabajo realizado es fácilmente predecible. Es decir, ya que cada operación utiliza sólo una pequeña fracción de la habilidad de un trabajador , hay una muy gran probabilidad de que la operación se lleve a cabo de una manera mínimamente aceptable . Alternativamente, si cada operación tasa la habilidad del trabajador no habría errores frecuentes en la operación , alteración frecuente del flujo de trabajo, y una calidad completamente impredecible hacía el producto final . La línea de montaje también introduce la normalización en habilidades de trabajo y por lo tanto favorece que la mano de obra tenga un alto grado de intercambiabilidad .

 

Por razones análogas la fuerza laboral en los sistemas tecnológicos avanzados debe ser relativamente sobrecapacitada o, lo que es lo mismo, sus habilidades relativamente infrautilizadas. Mi impresión es que esto no es menos cierto ahora para sociólogos que para soldadores, para ingenieros que para montadores. La contradicción surge cuando se reconoce que el progreso tecnológico requiere un continuo incremento en los niveles de cualificación de su fuerza de trabajo, los niveles de habilidad que con frecuencia incorporan una muy rica formación científica y técnica, mientras que al mismo tiempo el avance de la racionalidad técnica en la organización del trabajo significa que esas habilidades serán cada vez menos utilizadas plenamente.

 

En lo económico, hay un proceso paralelo en el trabajo. Se observa con frecuencia que a la fuerza de trabajo dentro de las organizaciones tecnológicamente avanzadas se les pide que trabajen no menos duro , sino más aún . Esto es particularmente cierto para las personas con formación y habilidades avanzadas . La conjetura de Brzezinski que los especialistas técnicos se reciclarán continuamente sólo remarca que asuman esa reconversión sólo para una elite de administración. Para conseguir que la gente trabaje más duro se requieren incentivos crecientes . Sin embargo, la prosperidad que se asume en una sociedad tecnológicamente avanzada erosiona el valor de los incentivos económicos ( aunque , por supuesto , los valores de la artesanía son “irracionales “) . Los sueldos y salarios aumentan y los productos que se compran pierden su importancia y necesidades, las comodidades, y una amplia oferta de artículos de lujo están asegurados. Como si fuera la confirmación de este punto, Fortune ha señalado ( enero de 1969 ) que entre los jóvenes ya se puede observar un debilitamiento radical en el poder de los incentivos tales como el dinero , el estatus y la autoridad.

 

Políticamente, el avance de la tecnología tiende a concentrar la autoridad dentro de sus grupos de administración en las maneras que he descrito. Pero, al mismo tiempo el aumento de la capacidad y niveles educativos de la población crean capacidades latentes para la autogestión en el lugar de trabajo y en la sociedad. Este aspecto de las contradicciones inherentes a la tecnología parece especialmente notable en gran parte de la disidencia actual dentro de las fuerzas armadas. Por supuesto, siempre ha habido disidencias en el Ejército, pero el hecho de que a la disidencia ahora se le unen los problemas políticos-al de la guerra, los derechos de los militares, y así sucesivamente-claramente habla sobre el hecho de que los niveles de educativos de los soldados han aumentado muy radicalmente.

 

Una explicación similar arroja luz sobre la revuelta universitaria. Como Lionel Trilling ha señalado ( Partisan Review, Summer, 1968 ), el nivel cultural e intelectual de los estudiantes universitarios de hoy en día es mucho más alto que el de sus predecesores , aunque sólo sea por la televisión y el hecho de que una buena parte del trabajo de la universidad tradicional ya es finalizado en las mejores escuelas secundarias. La pretensión de una mayor autogestión de los estudiantes universitarios es el resultado natural de este cambio. Al mismo tiempo, sin embargo , la universidad ha estado desarrollando el poder y el estatus de sus propias élites. Estas incluyen las elites de investigación cuyo poder y estatus se basan en asesorías , en su capacidad de ganar becas y contratos de investigación y por lo tanto el prestigio de sus universidades , así como la categoría más general de la élite profesional , es decir , aquellos cuyo poder dentro de la universidad es reforzada por su prestigio en las asociaciones profesionales nacionales y expresada en su control de los principales departamentos académicos . A pesar de la aparente descentralización dentro de la organización universitaria , hay que reconocer que se ha producido un aumento muy tangible en la influencia de estas elites . Dentro de la universidad ( como en otras partes ) el poderse ha convertido en más centralizado , es decir , se ha gravitado hacia una colección identificable de investigación y mandarines profesionales . Es el poder de estos últimos sobre el currículo, los ingresos , la investigación y la consultoría política , la contratación y la promoción el que se está cuestionado por la disidencia estudiantil.8

 

Hay que añadir aquí que incluso la “irracionalidad” de la revuelta estudiantil se aclara en las líneas generales de esta explicación, es decir, su incapacidad común para formular programas sociales coherentes y su tendencia a entrar en batalla bajo banderas simbólicas extremadamente vagas. Como hemos visto la irracionalidad social puede explicarse como un efecto normal de los patrones sociales y de organización de los sistemas tecnológicos avanzados y, en todo caso, se incrementa por la inteligencia personal de las personas atrapadas en esos sistemas.

 

Por último, existe una profunda contradicción social entre la sociedad altamente estratificada implícita en, digamos, la meritocracia de Brzezinski y la extensión de las oportunidades educativas. Sin embargo, cada una aparece igualmente requerida por la tecnología avanzada.

 

Estas son breves y, creo, duras críticas adecuadas de hipótesis extremadamente complejas. Pero, en líneas generales, cada una de esas contradicciones parece influir en más o menos el mismo grupo de la población estadounidense, una subclase tecnológica. Si suponemos que este es el caso, una cuarta hipótesis seguiría, a saber, que la tecnología está creando la base para una nueva y aguda lucha de clases en nuestra sociedad. Es decir, la tecnología está creando sus propias clases de trabajadores y administradores al igual que la industrialización temprana creó sus clases trabajadoras y de dueños. Tal vez esto sugiere un retorno a la forma de hacer política basada en la clase que caracteriza a los EE.UU. en el último cuarto del siglo XIX, en lugar de políticas algo más ambiguas, que fue una característica del segundo trimestre de este siglo. Me inclino a pensar que este es el caso, aunque confieso la evidencia es todavía insuficiente.

 

Esto conduce a una hipótesis final, a saber, que el innover laissez debe ser reconocida francamente como una ideología conservadora o de derecha Este es un tema muy complejo al que la hipótesis debe enfrentar el hecho muy difícil de que la génesis intelectual del innover laissez es trazable mucho más para la teorización de izquierda y socialista en las maravillas de la racionalidad técnica y la planificación social de lo que es la política de la sangre de un de Maistre o el tradicionalismo de Burke. Que así sea . Mucho más importante es el hecho de que el innover laissez ahora es la declaración más poderosa e influyente de las demandas y programas del impulso tecnológico en nuestra sociedad , un impulso arraigado en sus instituciones más poderosas . Más que cualquier otra declaración, que tenga éxito en la identificación y la racionalización de los intereses de las elites más autoritarias dentro de este país, y el expansionismo de sus políticas en el extranjero. En verdad no es casualidad que las principales figuras del innover laissez , los Rostows , Kahn , Huntington, Brzezinski , para nombrar sólo algunos , son algunos de los guerreros fríos más recalcitrantes de la vida intelectual estadounidense.

 

El punto de esta última hipótesis no es principalmente para volver a reimprimir al lenguaje de la política europea en la escena estadounidense. Más bien se trata de resumir el hecho de que muchas de las fuerzas en la vida estadounidense hostiles a la ética democrática se han inscrito bajo la bandera del innover laissez. El mero hecho de comprender esto ya es dar el primer paso hacia una política de la reconstrucción radical y contra el malestar, la irracionalidad, la impotencia y la violencia oficial que caracterizan la vida americana de hoy.

Program on Technology and Society

Fuente New York Books

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