Gramática de la multitud. Desde Baruch Spinoza a Paolo Virno

El libro del filósofo italiano Paolo Virno recoge los textos de las lecciones dictadas por el autor en el Doctorado de Investigaciones en Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Universidad de Calabria durante el ciclo 2001. En estas lecciones Virno intenta mostrar que la dupla “pueblo-multitud” estuvo en el centro de los debates acerca de la constitución de los Estados modernos en el siglo XVII. Estos dos conceptos, forjados en el fuego de las polémicas políticas de la época, cumplieron un papel fundamental en la definición de las categorías políticas vigentes y sus padres son Hobbes y Spinoza. Advierte Virno que, en esta lucha, el concepto de “multitud”, propio de Spinoza, resultó perdedor frente al de “pueblo”, término que desde Hobbes se asocia al de Estado. Si hay Estado, hay pueblo. El pueblo tiene que ver con lo uno, tiene que ver con una única voluntad mientras que la detestada multitud es la amenaza de los muchos. Para Hobbes, la multitud es lo propio del estado de naturaleza. La multitud es refractaria a la obediencia, no accede nunca al status de “persona jurídica” porque no se somete al soberano y sus pactos no son durables. La desobediencia civil representa la forma básica de acción política de la multitud. Para los apologistas del Estado del 1600 “la multitud” es el detritus que cada tanto puede amenazar la estabilidad social, es la regurgitación del estado de naturaleza en la sociedad civil, afirma Virno. Sin embargo, para el autor, la multitud es el último grito de la teoría social, política y filosófica. Luego de siglos de pensar con la categoría de “pueblo” (Estado nación, Estado centralizado) es posible ubicar una variada gama de juegos lingüísticos, formas de vida, caracteres salientes de la producción material, que no son entendibles si no se parte del modo de ser de los muchos. Este reconocimiento necesita convocar la antropología, la filosofía del lenguaje, la reflexión ética y la economía política para circunnavegar el continente “multitud” desde diversos ángulos. Para Virno, la noción de multitud es extraordinariamente fértil para entender los modos de producción postfordista. El advenimiento de la multitud podría señalar el fin de la clase obrera ya que falta la idea de un cuerpo que dé sentido a nociones que convocan la idea de unidad. En sus modos actuales,  el trabajo tiene el carácter de la multitud antes que el de pueblo aunque la relación es compleja. Si bien la multitud es lo opuesto al pueblo no lo es a la clase obrera, de hecho, no impide la producción de plusvalía. Es cierto que actualmente la clase obrera no responde al modo de ser del pueblo pero tampoco es cuestión de caer en simplificaciones. “Si lo que queremos es simplicidad a toda costa, mejor nos sumergimos en una botella de vino”, afirma Virno (p.40).

El término “multitud” es un sujeto gramatical que necesita que, para ser pensado adecuadamente, conjurar varios predicados. Para Virno, estos predicados son

a)Principio de individuación. Los individuos son pensados, no como átomos solipsistas sino como el resultado final de un proceso de individuación. El “Individuo-social” es un oxímoron (un concepto que afirma y niega lo mismo), una coquetería hegeliana inconsistente.

b)la noción foucaultiana de Biopolítica.

c)las tonalidades emotivas que tiñen las formas de vida de los muchos. Dicho en términos heideggerianos, su estar en el mundo.

d)las habladurías y la avidez de novedades, dos fenómenos ya analizados por Heidegger.

Más allá de los méritos o las críticas que pueden señalarse en este libro de Virno, el tema nos sirve para recordar el concepto de “multitud” tal como aparece en Tratado político de Baruch Spinoza (1632-1677), para rendir homenaje al “más querible de los filósofos”, según Borges.

Hereje a pesar suyo, Spinoza fue echado de la sinagoga por escandalizar con ideas revolucionarias. Protagonista de un siglo signado filosóficamente por el individualismo y políticamente por el absolutismo, en contra de Hobbes, Spinoza torsiona el argumento hobbesiano según el cual la finalidad del Estado es la seguridad y no la libertad que es una quimera peligrosa y disolvente. Spinoza dirá: la libertad es la seguridad, no se sustituyen por exclusión sino por inclusión mutua. Por ende, el verdadero fin del Estado es la libertad. Pero, como para Spinoza el derecho se mide por la potencia, de su múltiple composición resulta la emergencia de un nuevo ser múltiple y complejo, un nuevo sujeto de potencias y de derechos que como tal se guía como por una sola mente “la multitud”. Esta capacidad de composición, enraizada en la lógica de la potencia, es la que permite el pasaje de la multiplicidad de las potencias a una potencia de la multitud. Como sólo la multitud, en su totalidad, puede ejercer un poder sin condicionamientos exteriores, ya que carece de “exterior” al haber concentrado toda potencia particular en su interior,  para Spinoza estará claro –en contra de Hobbes- que el único Imperium que garantiza la identidad entre gobernantes y gobernados es la democracia.

Marginado en el olimpo de los filósofos inventado por los manuales, Spinoza fue ubicado como un oscuro  punto intermedio entre Descartes y Leibniz, tratado como “el perro muerto” de la filosofía, “el miserable filósofo” como lo llamó Malebranche . Antes fue maldecido en la sinagoga con términos fulminantes:

“Excomulgamos, maldecimos y separamos a Baruch Spinoza, con el consentimiento de Dios bendito y con el de toda esta comunidad; delante de estos libros de la Ley, que contienen trescientos trece preceptos; la excomunión que Josué lanzó sobre Jericó, la maldición que Elías profirió contra los niños y todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley, que sea maldito de día y maldito de noche, maldito cuando se acueste y cuando se levante, maldito cuando salga y cuando entre, que Dios no lo perdone, que su cólera y su furor se inflamen contra este hombre y traigan sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley, que Dios borre su nombre del cielo y lo separe de todas las tribus de Israel”

Por suerte era judío, de haber sido católico Spinoza habría sufrido algo más que la excomunión. Para nuestra felicidad, sobrevivió algunos años a las maldiciones, los necesarios para escribir, hasta que lo sorprendió la muerte a los cuarenta y cinco años, un Tratado político inconcluso donde afirma la multitud frente al individuo, el deseo frente a la razón y la democracia frente a la monarquía. La identidad entre libertad, seguridad, poder absoluto, potencia de la multitud, afirmada en términos radicales, conduce a la afirmación de una Totalidad absoluta. En sus términos, “el hombre no es un imperio dentro de otro imperio”, no es libre para cumplir o no su naturaleza. La esencia del hombre, su naturaleza íntima responde al deseo, antes que a la razón. Con Spinoza, la multiplicidad de potencias deseantes es pensada bajo una figura que hace de ella un sujeto político: la multitud. Esta multitud está surcada por antagonismos, no puede ser nunca una unidad. Los muchos subsisten como muchos sin  aspirar a la unidad estatal.

El libro de Paolo Virno rehabilita el descuidado concepto de “multitud” y prueba, una vez más, que luego de la marginación y a pesar de todas las maldiciones, hoy estamos en mejores condiciones para valorar la obra del hereje Spinoza al momento de pensar la posibilidad de la irrupción de una democracia no-representativa, de una ampliación del espacio público más allá de la incidencia del Estado

Cristina Ambrosini

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