El Mapa, el Cerebro y el Territorio: La enacción o el emerger local-global

Entre tanto construccionismo, constructivismo, relativismo estructural, funcional estructuralismo, posestructuralismo, proto pos modernismo, modernidad líquida y flexible,  sólo por mencionar las de mayor circulación, la perspectiva cognoscitiva no ha sido reconocida como tal dentro de la sociología, cuando existe un profundo aporte epistemológico y ontológico de conocer  el cual tiene un compromiso directo con la sociología de la sociología y la sociología del conocimiento. Las redes y lo global no solamente aportan un cambio de paradigma en las ciencias cognoscitivas, sino también en las sociales. Lo curioso es que dicha transformación acaece de manera universal distanciando las perspectivas, cuando el sentido unitario del cambio está estrechamente vinculado.

Aún la discusión de la globalización acontece sobre la idea de la conectividad, la interconexión, la informatización o el emerger de las ciudades. Globalización es algo mucho más complejo y profundo que una transformación de la “realidad social” del mundo, la cual tiene que ver con la relación de las sociedades en el mundo, y por consecuencia las ciencias y la sociología en lo específico con y en el mundo. En esa dirección, no existirían mayores diferencias entre el estado actual de las ciencias cognitivas, la geografía y la sociología. En realidad las diferencias la ha mantenido el principio disciplinario moderno de la ciencia, que ha soslayado el proceso de transformación epistemológicamente global, donde los paradigmas especializados no tienen mayor sentido si es que estos no comienzan a comunicarse.  

1.- La Representación cognitiva o el territorio de la modernidad

Por mucho tiempo, las ciencias de la cognición funcionaron con modelos semánticos en donde los símbolos (unidades físico-intangibles) correspondían  a una unidad de estudio controlable, las cuales entregaron grandes aportes al conocimiento.  Entre otras cosas,  considerar el funcionamiento simbólico como un engranaje cooperativo y autoorganizado en red, donde las neuronas propiciarían una relación simbólica sólo en base a la conexión del sistema de redes y no por unidades separadas. Hasta entonces, se pensaba una equivalencia simbólica en el funcionamiento de la IA (Inteligencia Artificial) la neurociencia y la psicología cognitiva, donde el programa de los estudios cognitivos se diferenciaba sólo en la forma de abordar los procedimientos y objetos de estudio. De ese modo el trasfondo epistemológico era universal y la discusión se concentraba en las unidades y subunidades simbólicas que permitían comprender el funcionamiento del conocimiento. Esto comienza a cambiar con el enfoque conexionista (Varela, p.61), el cual entregó las primeras ideas de poder entender los sistemas complejos y las primeras muestras epistemológicas hacia las ciencias sociales- principal cimiento de la teoría de sistemas. “…pero dada la constitución de la red del sistema , hay una cooperación global que emerge espontáneamente cuando todas las neuronas participantes alcanzan un estado mutuamente satisfactorio. En tal sistema, pues, no se requiere una unidad procesadora central que guíe toda la operación. Este tránsito de las reglas locales a la coherencia global es el corazón de lo que en los años cibernéticos se denominaba autoorganización” (Varela, p.61) Esta génesis ubicaría el pensamiento y la cognición en un mismo orden que el cambio de funcionamiento del mundo local-global para las ciencias sociales.

Sin embargo, y al igual que en la sociología, el problema tenía otro tenor.  La Representación cognitiva era el pilar o la base en dónde se articulaba el programa de estudio, el cual postulaba una realidad  pre- definida en donde se producirían las relaciones – ciertamente- de conocimiento. Como contraparte, el “hacer emerger” o la circularidad de la acción e interpretación, que no puede concebir el conocimiento como espejos de la naturaleza que son percibidos o representados, sino por el contrario, el sentido de la acción y la comunicación.  El mundo de las representaciones funciona, justamente, en base a la necesidad de lo pre-existente pre-determinado, tal cual sucede con la imagen del mundo en sí y no del propio mundo. Esto nos recuerda al territorio de la modernidad: el mapa y no el territorio en sí.  Varela ejemplifica esto con el comportamiento del juego de ajedrez, el cual tiene un orden una organización de un mapa que sirve de paraguas para ir articulando el procedimiento dentro de dicho sistema. Posiblemente sea homologable y optimizado desde la IA (inteligencia artificial) porque la complejidad es menor, es decir se ampara en la representación, como el mapa es al territorio.

No podemos señalar lo mismo de un sistema urbano, sea este el conductor (Varela, 2005, p.94) u otro existen problemas específicos que resolver, los cuales tienen que ver con el sentido común, pero también con situaciones emergentes de estar en el mundo, más allá del modelo, del sistema urbano, o del mapa. La cognicion creativa, sería el valor de lo emergente en el conocimiento y del sentido común del contexto donde se sitúan las relaciones.

“En la versión científica de la historia, el mapa constituye un sistema innato de representaciones (acerca del espacio, el tiempo, las formas, los olores y demás)” (Varela, 2005, p.99) Este sistema de pre-existencia racional generaría la base para la comprensión de la realidad de manera limitada o en base a su reducción.  El territorio así como el conocimiento se conectan en base al fenómeno de estar en el mundo, de la relación en sí, de la comunicación. El territorio al desnudo, no sería muy distinto a entender el funcionamiento de las neuronas en red, en base a la cooperación global desde lo local: la genealogía de la globalización.

2.- El territorio al desnudo o la enacción: cerebro-territorio-mundo de vida

La propuesta de la enacción deriva del hacer emerger, donde la realidad no se encuentra pre-definida sino enactuada: “se las hace emerger desde un trasfondo” (Varela, 2005, p.89). En la enacción el aislamiento no cuenta, así como la separación del sentido común tampoco. Existe un contexto relevante, rico de contenido de sentido común el cual insuma la enacción. Por consecuencia las cosas no están dadas y tampoco debieran se reconstruidas. La reconstrucción asume también algo dado, los enfoques constructivistas y construccionistas asumen en cierta medida una recuperación subjetiva de algo, porque ahí ha penetrado el mapa, el sistema de ordenamiento estructural que en su dimensión más subjetiva también penetra como un acoplamiento dinamizado subjetivamente, o lo que el posestructuralismo situaría como relaciones en base a una microfísica. 

El enfoque enactivo propone la codeterminación, algo muy en boga por las propuestas simétricas del conocimiento,  el cual tiene que ver con el fenómeno selectivo implicado en el proceso de conocer y relacionarse en el mundo, donde la complejidad es la fuerza de interacción que está al centro incidiendo sobre esta realidad que emerge.

La teoría de los colores funciona como un muy buen ejemplo para entender la enacción. La longitud de onda es reflejada sobre los objetos, lo que va determinando los colores por nuestro sistema óptico, todo esto como sistema independiente que nosotros hacemos selectivo a través de colores. Esta idea asume una realidad con ciertos patrones, que además es externas, pero por sobre todo que representamos.  Sin embargo,  lo que sucede en realidad es que el sistema red de neuronas en el cerebro va determinando el color de un objeto según el estado global del cerebro, el cual depende- entre otras cosas- de la imagen de la retina como de la expectativa de lo que debería ser dicho objeto. Esto por consecuencia propone una cuestión basada en la interacción, que depende a su vez de los elementos implicados en la acción y la comunicación de las cosas. ¿qué elementos estarían implicados en esa expectativa? cuestiones complejas que van desde el sentido común, el contexto social, la historia de vida, las problemáticas psicosociales, la geografía, la interacción del momento y variables que tradicionalmente han sido aisladas del conocimiento sociológico por ser parte del “sentido común”

Los mecanismos  neuronales que subyacen al color no son la solución de un problema (captar las propiedades cromáticas preexistentes de los objetos), sino el surgimiento simultáneo de la percepción cromática en el hombre o el ave y lo que uno luego puede describir como atributos  cromáticos del mundo habitado” (Varela, 2005, p.107)

Hay una estabilidad en el mundo que ha permitido desarrollarnos en base a la representación, al mapa y no al territorio.

El territorio al desnudo está en sintonía a la enacción en la medida que exploremos el mundo y modo de vida en él. El cerebro está afuera, dentro, está en el territorio y las neuronas coinciden en funcionar de acuerdo a un sistema de redes cooperativos, así como el territorio opera con un sistema local fuera del mapa administrativo de escala regional o nacional.

Modo y mundo de vida se reconocen a través de la acción efectiva, actualizada emergente y sistémica. La clásica apuesta habermasiana contenida en el mundo de vida como acto ideal del habla, habría que ampliarla de manera sistémica, como algo que va más allá de lo que concebimos convencionalmente como sociedad, en donde el fenómeno de lo global obedece más bien a un cambio de paradigma de vivir en el mundo, direccionado también en sus formas de conocer donde cerebro, palabra, territorio y localidad están en una relación mucho más estrecha e intrínseca de lo que la disciplina misma ha podido avanzar desde que hablamos de globalización.

Globalización es algo más que el funcionamiento económico simultáneo y en red del mundo. Es el modo en que el mundo vuelve a escena en años y siglos donde éste pasó por la rendija de la selectividad de información, sin que la complejidad misma de su acontecer pudiera decir presente. Los estudios de la cognición son un claro aporte en detallar cómo las neuronas operan en base a un acontecer no muy distinto de lo referido a lo global desde el funcionamiento local. La diferencia está en que una disciplina se ha abierto a esto como cambio de paradigma, aún en sociología esto se resuelve sólo en el funcionamiento y los modos de investigación que se desprenden de lo global.

 

Bibliografía

Maturana, H., Varela, F. (1984) (2007) El árbol del conocimiento

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