El control poblacional e identificación al azar ¿Qué es el “control poblacional”?.

El policía que intervino en la detención del caso que estoy examinando, aclaró que los motivos de la identificación policial y posterior requisa respondieron a un “control poblacional” que consistió en identificar “personas al azar”.-

 

Con fundamento en la prevención de ilícitos, la policía ocupa el territorio e intercepta ciudadanos, exigiendo sus documentos de identidad.-

 

Como evidentemente no puede demorar a todos los transeúntes, debe seleccionar.-

 

La elección de las personas para identificar, en ese marco, es necesariamente discrecional y arbitraria. El personal policial entiende, y ello quedó demostrado con la sincera explicación de los motivos de su actuación, que no actuó en función de parámetro objetivo alguno (por ejemplo, identificar a las personas cuyas características físicas y de vestimenta coincidan con las de alguien que fue denunciado como autor de diversos hechos ilícitos). De manera tal que esa “selección” solo puede responder a la subjetividad del agente policial y no es casualidad que haya operado en este caso en particular. En efecto, aunque no surge del fallo, la persona detenida era un joven humilde y mal vestido.-

 

Tal como afirma Máximo Sozzo[7], la detención de personas por averiguación de identidad, como un modo de prevención de delito, gira en torno a la “táctica de la sospecha” en función de “estereotipos” y “estigmas”.-

 

Los prejuicios sociales, de los cuales la policía no es ajena, se expresan en la lógica de que determinadas personas son peligrosas y, por lo tanto, hay que controlarlas y someterlas para proteger al resto de los ciudadanos. En términos de mayor tecnicismo, el programa político de la criminología positivista, por medio del cual se considera que ciertas personas se encuentran determinadas a cometer delitos y, por lo tanto, son peligrosas y deben controlarse, está plenamente vigente y es gravemente condicionante y motivante de la práctica policial. Así, el enemigo de la sociedad es el joven perteneciente a sectores humildes y, en la lógica bélica de la ocupación territorial, es sobre quién reposa con mayor intensidad el despliegue de las fuerzas de seguridad.-

 

Es por ello que quizá no llame tanto la atención ver policías deteniendo jóvenes en la vía pública. Inmediatamente, uno tiende a pensar que ese joven seguramente cometió un delito porque sus características físicas y condición social lo delatan como persona “peligrosa”.-

 

Sofía Tiscornia[8] afirma que, en su origen, el poder coactivo administrativo que detenta la policía fue concebido como una técnica de gobierno, para obligar al encauzamiento de conductas, domesticar las relaciones entre hombres y civilizar las costumbres públicas y privadas, pero, sin embargo, la realidad demuestra que se trata de una forma particular de ejercer vigilancia sobre los cuerpos y los bienes.-

 

Cuando el ejercicio de ese poder se concreta en casos de violencia policial (gatillo fácil, por ejemplo), reciben el rechazo de la sociedad. Por el contrario, no causan el mismo rechazo los procedimientos de control poblacional, sino que son demandados en nombre de la seguridad pública.-

 


 

De esta manera, la seguridad-prevención como justificativo del despliegue policial es más importante que la restricción real de derechos. Esta restricción no se justifica a sí misma, sino con la práctica policial cotidiana, que normaliza la intromisión de la policía en la vida de las personas y no conmueve la sensibilidad de la sociedad.-
En algún momento, los habitantes de un barrio humilde aceptan con resignación y hasta sumisión el hecho de que las fuerzas de seguridad les exijan identificación cuando salen y entran o cuando caminan como extranjeros por barrios acomodados.-

 


 

Se va imponiendo cada vez más el discurso de la restricción de libertades en defensa de la sociedad y cada vez resulta más difícil hablar de derechos individuales y garantías. La seguridad común deja de ser “común” para ser la seguridad de unos pocos, la gente “de bien”. La violencia del Estado, que se ejerce siempre sobre los mismos sectores sociales e individuos, no parece formar parte de esa seguridad común, de la cual deberían gozar también los jóvenes de clases humildes que son alcanzados por el poder punitivo del Estado.-

 


 

El tema que aquí se trata no es excepcional. El “control poblacional” es una práctica rutinaria, consuetudinaria e institucional, que se advierte como válida a fuerza de repetirse día a día sin que la sociedad se detenga a pensar críticamente al respecto. Que la policía detenga personas en la calle para pedirles documentos o preguntar qué están haciendo es cosa de todos los días. Si vivís en un lugar humilde y “portás rostro”, más vale que salgas con documentos de identidad y que siempre tengas una excusa, si es legal mejor, para lo que sea que estés haciendo.-

 

Lo que resalta del caso es que, a diferencia de muchos otros “invisibilizados”, el personal policial aclaró los motivos de su actuación. Las palabras “control poblacional” e “identificación de personas al azar” necesariamente deben generar los interrogantes que en este comentario me propuse responder (y, obviamente, muchos otros). Me pregunto, como complemento, qué hubiese sucedido si el policía, en vez de reconocer que había procedido a identificar personas al azar, sencillamente hubiese manifestado que notó en el sujeto cierto “nerviosismo” ante su presencia. Es posible que esa palabra mágica y sin contenido contrastable hubiese legitimado todo el accionar policial.-

 


 

Debemos advertir, tal como sostiene la autorizada palabra de Sofía Tiscornia, que inclusive en situaciones de paz algunos sectores viven en Estados de excepción.

 

Así, “No es necesario un estado de guerra para que ello suceda; una situación de paz puede ser, al mismo tiempo, un Estado de excepción. No es una paradoja. Sucede todos los días. Todos los días la policía –en nombre de la seguridad ciudadana- rodea un barrio, requisa las casas, golpea a algunos, patea a otros, roba algunos bienes de la pobreza y se va con dos o tres detenidos. Todos los días nos prestamos a ser revisados, indagados para ingresar a un aeropuerto, a un recital, a un acto multitudinario. Todos los días aceptamos sumisos (en especial si se trata de jóvenes) ‘acompañar’ a un agente policial público o privado a la comisaría, aceptamos las fronteras de los barrios privados, las calles clausuradas, los ghettos urbanos. En esas situaciones de paz, no impera el derecho”.

 

Si quieren descargar el artículo de Juan Ignacio Cafiero hasta que la Revista de Pensamiento Penal esté online de nuevo!

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